Si veo que te gusto, me empiezo a enamorar

Pedí la segunda ronda de botellines. Ahora es cuando venía el momento interesante. Durante la primera, mi colega Mario y yo, estuvimos hablando un poco sobre qué tal nos iba en el trabajo o algún recuerdo del último partido que jugamos. Es decir, un poco de conversación para entrar en calor y que no pareciera que en realidad habíamos quedado para hablar de otra cosa.

Yo le noté preocupado desde el primer momento, pero había que seguir el protocolo completo, así que me bebí el primer botellín con un par de tragos para empezar con la conversación de verdad.

—Ando un poco rayado con Sonia, mi novia. —Me dijo tras coger la cerveza.

Resalto lo de Sonia, mi novia para que quede claro que así es como se refiere a ella.

Llevaban como unos cinco meses juntos y creía que él estaba muy contento, pero no. Tenía una expresión muy seria y no paraba de arrancar la etiqueta del botellín para luego romperla en miles de trozos.

Antes de seguir os voy a contar un poco sobre ellos dos.

Se conocieron en el trabajo. Van al mismo edificio, pero ella está en la cuarta planta y él en la quinta, en otro departamento. Nunca se había fijado en Sonia. Conocía su existencia porque en esa oficina no hay muchas mujeres y las tienen a todas localizadas. Habían intercambiado algún saludo en el ascensor y poco más.

Hace como seis o siete meses ella empezó a hablar con él. Lo que al principio solo era un hola en el ascensor continuó con un intercambio de palabras, hasta llegar a la cuarta planta, y terminó en bajar juntos a la hora de comer.

Durante ese tiempo, él se había referido a ella como una compañera del trabajo muy maja. Esto habitualmente significa: Me cae bien pero no quiero nada más. Lo que pasa es que él empezó a notar algo por parte de ella. No solo hablaban de trabajo, también de temas personales y ella le hacía preguntas sobre si tenía pareja o no y cosas por el estilo. Sonia empezó a tontear con él y Mario se dejó llevar. Le gustaba la sensación de ser el perseguido en lugar del perseguidor.

—Ya sabes que yo no suelo ligar mucho. Me dejó alucinado que yo le gustase.

No es que él no ligue mucho. Es nunca lo intenta, que no es lo mismo. Si le gusta alguna chica habla de ella, piensa mucho en ella, pero nunca se acerca.

En un principio él no se sentía atraído por Sonia, solo le caía bien. Casi desde el comienzo se dio cuenta de que iba detrás suyo, pero bueno aunque no le gustase quería ser su amigo y por eso siguió manteniendo el contacto. Luego, cuando su amistad se convirtió en algo más íntimo, él se fijó en que ella siempre estaba ahí. Podía contar con ella para todo y eso era algo muy importante, para él, en una pareja. A la vez, Mario también la correspondía, en cuanto ella necesitaba cualquier cosa él salía corriendo. Este comportamiento le hizo sentirse muy útil, otra cosa que valoraba mucho de estar en pareja, pero aún así no sentía nada más que una amistad.

Entonces llegó el día de su cumpleaños y Sonia le regaló algo que le gustó mucho. Fue algo que comentó de pasada en una de sus numerosas conversaciones y para Mario significó mucho que se hubiera acordado. Así que la empezó a mirar de otra manera. Se fijó en que Sonia se comportaba como la novia que siempre había imaginado y que hasta cierto punto casi se relacionaban como una pareja. Además de pasar tiempo juntos en el trabajo habían quedado algunas veces para tomar algo o ir al cine.

Él tenía muchas ganas de estar con alguien y Sonia se lo estaba poniendo en bandeja. Así que cuando vio la situación desde este otro ángulo su pensamiento cambió. Paró de decirse que sentía aprecio y empezó a contarse que, en realidad, sentía amor y pum, ¡¡¡magia!!!

Desde ese día pensó que Sonia le gustaba un poquito y buscó todo lo bueno de ella para aferrarse a eso y “enamorarse”.

Como ya habéis visto, se enrollaron y a las pocas semanas ya se consideraban pareja en toda regla. Era una pareja salida de una pastelería. Se mandaban mensajes con corazones todos los días y Mario pasaba por su escritorio para dejarle una nota en la que ponía lo mucho que la quería. Incluso, siempre que podía, se apresuraba a terminar todo su curro para pasarse a buscarla, como si la fuera a recoger al trabajo. Sabía que eso la gustaba y la ponía contenta.

Con el tercer botellín, me dijo que Sonia quería que se fueran a vivir juntos y que él le había dicho que sí a pesar de las dudas.

—Nos llevamos muy bien, lo pasamos genial pero hay algo que no termina de convencerme. Cada día la veo más pillada y eso no me había pasado con ninguna antes, tú lo sabes. Yo noto que siento algo más desde que estoy con ella, pero no tanto como creía. Me da miedo perderla por unas dudas. Todo el mundo las tiene, ¿no? Seguro que se me pasan en cuanto vivamos juntos. Es cuestión de tiempo.

—¿Y por qué no cortas con ella?

Pidió el cuarto botellín, aunque aún le quedaba más de la mitad del tercero, y cambió de tema. Creo que lo único que quería era decirlo en voz alta para luego volver a tragárselo y seguir igual que antes, aunque yo seguí dándole vueltas al asunto. ¿Qué es lo que realmente le pasaba a mi amigo? No tardé en verlo claro.

Mola la sensación de ser deseados, ¿verdad? Sobretodo cuando no hemos buscado a nadie y esa persona ha venido directamente hacia nosotros.

Cuando sucede esto te da tal subidón de autoestima que te sientes que puedes con todo. Ya tienes la mitad del camino ganado. No es como cuando eres tú el que va a por ella y te arriesgas a un posible rechazo. No eres tú el que tienes que venderte, sino que es a ti a quien te tienen que convencer de que lo que te ofrecen es bueno para ti. Y si, además, sigues el juego te vas retroalimentando porque lo ves muy fácil. Te sientes con el control de la situación, pero es una sensación falsa y se puede ir de las manos.

Yo sé que Mario es un buen chico pero estaba usando a Sonia para cubrir sus inseguridades y su miedo a la soledad. Él quería vivir una historia de amor y apareció Sonia, pero si en lugar de ella hubiera sido la de más allá no le hubiera importado.

Él deseaba quererla, había puesto todo su empeño desde el primer momento en generar unos sentimientos hacia Sonia, pero el amor no funciona así. No es una maquina que tenemos en nuestro interior y que podemos encender a voluntad. Pero la idea de cortar con ella no pasaba por su cabeza porque daba prioridad a estar en pareja, aunque no estuviera enamorado, a estar soltero.

Como todos, tiene una lista de cosas que considera que son su ideal de vida y que hasta que no se cumplan no puede ser feliz.

En esta lista tiene apuntado TENER NOVIA. Desde que está con ella esta tarea dejó de estar en pendientes para pasar a la columna de conseguidos. Es decir, como si ahora tuviera un problema menos del que preocuparse— o eso quiere creerse él. —Por eso no iba a dejarla a pesar de las dudas— que no son dudas, sino autoengaño. —Sonia es como un parche que le sirve para cubrir un objetivo que le acerca a su ideal de vida.

Además, en este caso, es evidente que ella está muy enamorada de él, por lo que, la tarea de conservar el parche, desde su punto de vista, es mucho más fácil. Le hace pensar que tiene el control de la situación porque se siente útil e importante. Así que ¿para qué va a terminar una relación que le da tanto? Él ya la tiene conquistada. Tiene todo el tiempo por delante para buscar y seguir forzándose hasta llegar a sentir algo, o no, por ella.

Pero en este tipo de relación/parche no hay amor, ni relación ni nada. Lo que hay es una mentira que nace de nuestro egoísmo, pero como nadie quiere sentirse egoísta ni mala persona utiliza una frase para justificar esta actitud:

Me merezco estar con alguien que me quiera.

Eso es cierto, pero, por seguir con el mismo caso, Sonia también se merece estar con alguien que la quiera de verdad.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Blog sobre relaciones de pareja.