Me gustaría intentarlo, pero… ¿para qué arriesgarme?

El sábado pasado salí de fiesta solo con mi amigo Víctor. Casualmente todos los demás tenían planes. Algunos habían quedado con sus novias y dos de ellos habían quedado con mujeres que habían conocido por Internet. Las citas eran por separado, claro.

Alfredo había quedado con una en la puerta de un hotel directamente para follar. Nacho iba a cenar primero. Nos dijo que no iba a llevar condones porque él no se había metido a conocer gente por internet para tener rolletes, sino encontrar una pareja estable y no quería estropearlo acostándose con ella la primera noche.

No entendí muy bien que es lo que quería decir con “estropearlo si se acostaban la primera noche”, entonces llegué a la conclusión de que Nacho debe pensar que folla muy mal y no quiere que esa sea su carta de presentación. No vaya a ser que a ella no le guste su estilo y no quiera saber más de él.

Así que estando los dos solos decidimos salir por nuestro barrio. Nos fuimos a cenar al Burguer King para recordarnos que a pesar de estar entrando en la treintena aún tenemos espíritu joven. En un Burguer King un sábado por la noche solo te encuentras chavales adolescentes.

Después nos fuimos a un café-bar que nos encanta, donde te puedes sentar y hablar mientras te tomas algo. No es que sea el único sitio así por el barrio, pero ninguno tiene a unas camareras que parece que el dueño haya hecho un casting con modelos.

Estas chicas tan monas tienen siempre una sonrisa que nosotros miramos ensimismados. Antes de pedir es habitual que hagamos bromas sobre que además de las copas deberíamos pedirles el teléfono, pero nunca lo hemos intentado.

Aunque nuestro amigo Alfredo, el mismo Alfredo que en ese momento estaba en una habitación de hotel con una mujer que acababa de conocer, ya se veía casado con una de ellas. Decía que solo le faltaba un empujoncito y terminaría de estar hecha.

Yo solo veo que le pide copas y luego la cuenta, pero según él, “se la está haciendo”.

Cuando la camarera nos dejó las copas en la mesa, Víctor me dijo.

-No te vas a creer lo que me ha pasado, lo que es la vida. Alucino.

Y sin esperar una respuesta por mi parte empezó a contarme.

Víctor es actor, o como dice él, “está en ello”. Continuamente está metido en grupos de teatro y rodando cortometrajes para conocer a gente y a ver si de ahí le sale algo de trabajo.

Hace meses, durante uno de sus rodajes, conoció a Sofía y Elena. Ambas son actrices también y tenían varias escenas con Víctor, por lo que él se pasó mucho tiempo con cada una.

Estos rodajes suelen durar muy poco tiempo y Víctor siempre nos dice que “resultan muy intensos”. A él le encantaba Sofía. Me dijo que sentía una gran conexión con ella y que además estaba muy buena.

-Porque ya sabes que nosotros nos fijamos primero en el físico…

Claro, todo el mundo sabe que las mujeres tienen superpoderes y son capaces de ver primero cómo son las personas por dentro antes de verlas por fuera. Me dije para mis adentros mientras continuaba escuchando a mi colega.

-Y sí, por supuesto vi que estaba muy buena. Pero luego cuando hablé con ella, además, descubrí que éramos tal para cual.

Me siguió diciendo que le había gustado mucho, pero que no se atrevió a decirle nada porque la veía “demasiado para él”. Pensaba que ella no podría sentir algo y seguramente le rechazaría. Una situación que no tenía ninguna gana de experimentar y no quiso intentarlo.

Así que mientras miraba a Sofía como un ser inalcanzable se fijó en su otra compañera, Elena. Que según me dijo, era más “normalita”. Así que como la veía más “a su nivel” empezó a tirarle fichas. Pensaba que Elena sí se fijaría en alguien como él.

El rodaje duró tres días y entre escena y escena Víctor intentaba ligar con Elena. Pero ella no le hizo mucho caso y no pasó nada.

El rodaje terminó y no volvió a tener contacto con ninguna de ellas. Víctor llegó a la conclusión de que había tenido muy mala suerte.

-Encima que fui a por la más normalita, no me hizo ni caso.

Los meses pasaron, por fin el corto estuvo terminado y el fin de semana anterior tuvieron el estreno en un bar. Después de la proyección se quedaron allí tomando copas. Elena llegó con un tío de la mano y Víctor supuso que sería su novio.

-Bueno, de todas formas, a ti no te gustaba mucho- Le señalé. La música debía estar más alta de lo normal porque no pareció que me hubiera escuchado y prosiguió con la historia, a la vez que pedía la siguiente ronda.

Lo que realmente le pareció alucinante era lo que estaba a punto de contarme. Allí, en el bar, mientras se tomaba su copa, se le acercó Sofía. Sí, sí, Sofía, ¡la gran Sofía había bajado del Olimpo para hablar con él!

Mi amigo se puso muy nervioso y casi le dio algo, pero como ya estaba entonadillo con el alcohol me dijo que pudo aguantar el tipo.

Estuvieron hablando y bebiendo durante horas. En algún momento de la noche, no recordaba muy bien la hora, Sofía le suelta que le había gustado desde que se conocieron. Pero como había visto, durante el rodaje, que estaba detrás de Elena ella no había intentado nada.

Víctor, que no se podía creer lo que estaba oyendo, le dijo que ella se había equivocado. Le confesó que a él también le había gustado mucho al conocerla, pero que no se había atrevido a decir nada porque pensaba que no se fijaría en alguien como él.

-Si no llego a estar así de pedo no la digo esas cosas – Me aclaró mi amigo antes de pegarle un buen trago a su copazo.

Después de la confesión ella se rió y dijo que vaya par de tontos que habían sido. Entonces Víctor, que estaba a tope con tanto alcohol en el cuerpo, le dijo que nunca es tarde y se lanzó a morderle la boca.

Eso si que era algo que no se esperaba Sofía y menos con el pedo que llevaba. Pero tuvo los suficientes reflejos para apartar ágilmente la cara y decirle con una gran sonrisa.

-Lo siento, pero ahora estoy saliendo con alguien y estoy muy bien, pero… podemos ser amigos.

Yo creo que no quería hacerle daño, pero eso de los amigos no se dice después de haber confesado que podría haber habido algo unos meses atrás.

Víctor se marchó sin contestarla.

Terminó su historia y se pidió otra copa.

Cuando escuché todo esto me dio por pensar en muchas cosas:

  1. Lo absurdos que podemos llegar a ser por intentar creer que sabemos lo que piensan los demás de nosotros.
  1. Algunos de nosotros parece que realmente tenemos unas fichas en la mano que nos queman y tenemos que tirárselas a alguien. Da igual si nos gusta o no. No podemos irnos de un sitio sin haber intentado ligar con alguien.
  1. La posibilidad de que nos rechacen nos impide muchas veces intentar hacer lo que nos gustaría.
  1. Nos ponemos límites a todas horas porque no nos valoramos lo suficiente y pensamos que no somos “válidos”. Lo que significa que somos los primeros que nos rechazamos.

Esto lo he visto aplicado en las relaciones y en cualquier aspecto de la vida. No es el primero al que veo que no intenta algo con alguien porque ya cree que le va a decir que no, que es “demasiado” para él y no soportaría el rechazo.

No hay nadie “demasiado” para nadie. Puede que le gustes o no. Así de sencillo.

El creer que Sofía era “demasiado” para Victor fue algo que él pensó por si sólo.

Víctor no lo intentó con Sofía porque creía que sabía lo que ella pensaba y que la respuesta sería un no.

Mi colega me contestó que eso estaba muy bien, pero que no podía saberlo y que perfectamente podría haberle rechazado y que eso no lo hubiera soportado.

Entonces ya le contesté.

– Pensaste que Elena, que apenas te gustaba, te iba a decir que sí y no te hizo ni puto caso, es lo mismo que rechazarte.

-No es lo mismo, ella no me gustaba mucho y me dio un poco igual. Si Sofía me hubiera rechazado me hubiera dolido más y paso de arriesgarme a que ocurra.

-Pero aún así ¿No habría sido mejor arriesgarte e intentarlo por la que sentías algo? Porque en este caso hubieras tenido algo con Sofía. A lo mejor hubiera durado o a lo mejor no. Pero eso ya es algo que no vas a poder comprobar y todo por dar por hecho lo que pensaba ella y por no arriesgarte a ser rechazado. Mira, al final te ha rechazado y no se ha terminado el mundo ¿no?

La camarera llegó en ese momento para traernos las bebidas.

-Además de esto mi colega quería tu teléfono- dijo mientras me miraba, con la mejor de sus sonrisas de “soy un hijo de puta”, mi gran amigo Víctor.

La camarera se rió por un momento y nos dijo que eso no estaba en la carta y que no lo podía traer, dejó las copas y se marchó. Lo dijo tan natural que seguramente soltaba esa frase dos o tres veces cada noche.

Nosotros nos quedamos en silencio y miramos alrededor esperando el Apocalipsis. Estuvimos así unos cuantos segundos, pero el mundo seguía existiendo y nos echamos a reír.

This Post Has 6 Comments

    1. lavidarealnotienebandasonora

      Es verdad que arriesgarse es difícil. Aunque esa dificultad muchas veces es subjetiva y alimentada por el miedo, la vergüenza, suponer que no va a salir….

      Pero yo creo que sí hay algo que te gustaría hacer o conseguir hay que intentarlo.
      Por dos sencillas razones.
      Si no lo intentas no lo vas a conseguir.
      Y si aunque lo intentes no lo consigues no pasa nada, porque descubrirás que no es tan catastrófico.

      Me alegro un montón que te haya gustado la historia.

      Y muchas gracias por comentar, me gusta ver lo que opina la gente de lo que escribo 🙂

  1. Rosario

    El típico lío de las suposiciones. La historia esta bien estructurada y a pesar de ser liosa se comprende bien, pero le falta algo de fuerza o quiza es algo tan cotidiano que en relato no llama la atención.

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