La vida real no tiene banda sonora

Una de las cosas que más me gusta es ir por la calle o en el metro escuchando música con mis auriculares puestos. Me da la impresión de estar en un videoclip.

Es una sensación maravillosa, es como estar viviendo en un mundo aparte donde todo parece ir al ritmo de la música que estoy escuchando. Cada persona a la que miro parece que hace el movimiento justo para ir acorde con lo que estoy oyendo en mi cabeza. Me siento con el control completo de la situación. Y si la canción es un poquito más lenta, entonces ya me parece que estoy en una película de amor o comedia romántica. Cada sitio al que miro parece mágico. Me cruzo la mirada con una chica que veo en el vagón del tren, justo cuando la canción está en su clímax y noto que hay una tensión brutal entre los dos.

Entonces llego a mi parada y mientras voy subiendo para salir del metro me voy quitando la música y todo lo anterior es sustituido por el ruido de los pasos, de la gente hablando y al salir a la calle lo único que oigo es el ruido de los coches. Me siento como si estuviera despertando y saliendo de un mundo que me gustaba más, pero que únicamente estaba en mi cabeza. Hasta hace un momento todo era música y armonía, pero ahora estoy en la vida real, que todo es caos, incertidumbre y sobretodo ¡no hay banda sonora!

La vida real no tiene banda sonora. Cada acontecimiento que ocurre no va acompañada de una música que ayuda a sentir y entender que es lo que está pasando. En la vida real cada uno es el protagonista de su vida, pero su historia se entrecruza con la del resto de la gente y cada uno está siendo el protagonista de su historia, no existen para que tu historia tenga sentido.

La vida real no tiene banda sonora, pero tiene otras cosas mucho más auténticas. Tiene las palabras, los susurros, los sonidos naturales de lo que nos rodea y que forman la banda sonora de la vida. Cuando digo esto la gente me suele decir que ya lo sabe, que una película es una película y la vida es la vida. Pero justo esas mismas personas se empeñan en vivir según las películas que ven. Sobre todo con las de amor.

Es curioso porque cuando se ve una película de ciencia ficción uno alucina con lo que ocurre y piensa que le encantaría vivir en un mundo así, pero automáticamente su mente le dice, es una película, no es el mundo real y por supuesto su mente tiene toda la razón. Parece un ejemplo muy claro, pero ocurre con todos los géneros. Cuando se ve una comedia uno no para de reírse y por un momento le gustaría conocer a ese protagonista tan gracioso o vivir esa vida, pero su mente al momento le dice “Ese personaje no existe, te has reído porque la situación les pasa a ellos, si fuera a ti no te reirías”. Vayamos un paso más, incluso cuando alguien ve una película hiperrealista de un drama de unos chicos de barrio tu mente te dice “vaya vida tan interesante que tienen, pero no te creas que es verdad, lo han dramatizado para que parezca más interesante”. Hasta ahí todo bien ¿no? Pero cuando uno ve una película de amor su mente le dice, “que historia tan bonita, yo quiero vivir una igual”. Y no se escucha nada más.

Justo lo que viene después de esa frase es el silencio. Nuestra mente se queda solo en la parte del deseo. La mente nos gasta una broma porque no continúa diciéndonos “Esto también es una historia de ficción, lo que ocurre no es real, está todo orquestado”. O más bien, es posible que nuestra mente nos lo diga, pero nos la sopla y no hacemos caso y entonces ya se lía todo.

Pero no es lo mismo una película que la vida real. A grandes rasgos una película funciona de la siguiente manera.

En un primer momento ha habido un guionista que ha escrito un montón de palabras y diálogos sobre folios en blanco. Lo hace tranquilamente sentado en su casa mientras se toma un café, o varios, y cuando no le convence lo que escribe lo borra y vuelta a empezar como si no existiera lo anterior. Luego pasa a manos de un director, es decir alguien que controla todos los aspectos de la historia para que le dé su enfoque personal y dirija a unos actores que están interpretando unos personajes inventados. Durante el rodaje si los actores no dicen bien el diálogo, que les han escrito, repiten una y otra vez hasta que sale como tiene que salir. Luego todo lo que se ha grabado pasa al montaje donde el director junto al montador cogen todos los trocitos que más le han gustado y lo mezclan para que la frase exacta coincida con la mirada exacta y en el acorde musical exacto para generar en el espectador una emoción determinada.

En cambio en una relación solo hay dos personas. Estas dos personas tienen su punto de vista de la relación y de la vida en general. Son dos mentes pensando en cómo vivir esa relación. Es decir, su historia tiene dos directores, dos guionistas y dos actores que que tienen que hacer todo el trabajo. Cuando hablan no tienen un listado de diálogos escritos, sino que improvisan continuamente y cuando alguien se equivoca no se puede repetir y tirar la toma anterior y sobretodo no hay una banda sonora musical que acompañe el momento que están viviendo. Cada “escena” que viven juntos es una improvisación.

Mucha gente quiere creer que lo que ocurre en estas películas es lo bonito y lo que debería ocurrir en la vida. Ponen tantas fuerzas en querer vivir una historia así que cuando no se dice la palabra exacta, acompañada de la mirada exacta en el momento exacto y suena el acorde exacto para que ocurra lo que a su mente le gustaría que pasara simplemente se frustra y van de desengañados en el amor por la vida y no se dan el permiso de vivir su propia historia. ¿Y sabéis porque nunca llegan a conseguir vivir una vida como en las películas? Venga estoy seguro de que ya sabéis la respuesta. Están esperando esa música de fondo, esa perfección en los acontecimientos que lleven a un final feliz y como no ocurre todo tal como se habían imaginado pues empiezan que si la vida es una mierda, que si el amor no existe… estos también son los denominados dramáticos de la vida que ya hablaré en otro momento.

La vida real no tiene banda sonora ni un director omnipotente que la dirija y mucho menos unos diálogos que encajan perfectamente. Cuando se ven las películas hay que disfrutarlas y dejarse llevar por las emociones pero también ser conscientes de que es ficticio y un espectáculo sin más.

No hay que intentar vivir una vida que solo dura unos 90 minutos, y está totalmente manipulada para el entretenimiento. No intentéis vivir unas vidas ajenas y ficticias ni comparar las vuestras con la de los demás. Una pareja es cosa de dos y hay dos mentes independientes que forman parte. Deja de pensar que esa persona ha aparecido en tu vida para que vivas la historia de amor que llevas soñando cada vez veías una de estas películas, porque esa otra persona también tiene su punto de vista sobre lo que busca en ti y puede coincidir o no. Cuando se empieza una relación hay que aprovechar la oportunidad para crear vuestra historia juntos y descubrir que ocurrirá.

This Post Has 12 Comments

    1. lavidarealnotienebandasonora

      Me alegro que te haya gustado. Bueno el ser romántico o no va con la personalidad de cada uno y puede ser una parte más de la relación de la pareja.

      Lo que no es muy sano es pensar que el romanticismo es el único elemento que hay en una relación. Una cosa es ser romántico y otra creer que la vida en pareja es algo que cada momento tiene que ser perfecto y sincronizado como si fuera una película y tiene una musiquilla de fondo y si esto no ocurre pensar que no hay amor. Este pensamiento está totalmente alejado de la realidad. En una relación hay días mejores, peores, más bonitos (o más románticos si prefieres), menos bonitos o incluso aburridos. Todo forma parte de lo mismo. Y sobre todo hay dos mentes implicadas que tienen su propia visión de lo que es el romanticismo 😉

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