Hoy no la dejo, mañana sí. 1ºParte

-Hoy no la dejo, mañana sí -dijo Alejandro.

Nuestro amigo nos estuvo repitiendo esta frase durante meses porque no se atrevía a dejar a su novia.

A veces ocurre. Estas con alguien, da igual el tiempo que lleves, y te das cuenta de que el amor se ha acabado, que no hay más de donde tirar y que no tienes ganas ni ilusión por esa relación. Te gustaría dejarlo, sabes que quieres dejarlo y por la cabeza se te pasa muchas veces la idea.

Hasta que crees que no puedes más, coges fuerzas y piensas que ese es el día en el que lo vas a hacer y vas a cortar tu relación.

Sabes que tienes que hacerlo rápido, antes de que el miedo te venza. Así que quedas con tu pareja, pero no de inmediato, te das unas horas de margen para prepararte un discurso e irte mentalizando. Sabes que va a ser duro pero vas a hacerlo.

En un primer momento te sientes fuerte y capaz, pero a medida que la hora se acerca tus convicciones empiezan a temblar, incluido tus piernas.

Es el momento, sales de tu casa para ir al punto de reunión. Has salido un poco antes para así ser tú quien espera y controlar la situación. Son solo diez minutos antes, pero se te hacen eternos y el nerviosismo va creciendo en tu interior. Para colmo no sabes el por qué, pero en la calle solo ves parejas felices, algunas son de tu misma edad, pero también ves a un viejo matrimonio que van agarrados de sus ancianas manos y parecen muy felices y a ti te gustaría tener todo eso y lo quieres ya.

El nerviosismo va en aumento y notas la boca seca y que las manos te tiemblan.

-¡Esto va a ser un movidón!- Piensas mientras empiezas a imaginar la escena que va a ocurrir en cuestión de minutos y sientes que mejor no haberte levantado de la cama.

-¡Joder, joder, la que se va a liar!- Suena una y otra vez por tu cabeza.

Miras a lo lejos y ves aparecer a tu futura ex-pareja entre la gente. El momento ha llegado, no hay vuelta atrás. Aunque vas a cortar os saludáis con el beso habitual en la boca, que ese día se te hace más largo que nunca.

Pero no estás igual que siempre y te pregunta si te pasa algo. Te quedas mirando a sus ojos. Sabes que este es el momento en el que deberías empezar a decir lo que llevas ensayando todo el día, y por supuesto, abres la boca y dices:

-Te quiero. -Y te quedas tan ancho.

Lo curioso es que no ha sonado igual que otros “te quiero”, de hecho ha sido con muy poca fuerza. Pero no importa porque es lo que quería oír tu pareja y prefiere quedarse con eso que indagar más, al menos por ahora. Te sonríe, te dice que también te quiere y te da un beso muy largo.

Durante ese beso te empiezas a echar la bronca a ti mismo por haber dicho otra cosa. Te dices que aunque te hayan salido esas palabras todo está bajo control. Puedes retomar el plan y cortar con la relación en ese mismo instante. Es como si tuvieras una sirena en tu cabeza que no va a dejarte en paz hasta que hagas lo que sientes realmente, pero como no vas a hacerlo te das largas a ti mismo y te dices:

Hoy no la dejo, mañana sí.

Y es el comienzo de una bonita amistad entre lo que quieres hacer y lo que haces realmente. Es decir, retrasas una decisión que sabes desde el primer momento cual es la opción que te gustaría coger, pero no lo haces. Además lo cojonudo es que lo sabes, quizá no quieras escucharte pero la sabes.

Lo fácil y sano sería tomar la decisión que sabes que quieres tomar, pero nos encanta complicarnos la vida. Es el rollo que nos mola, cuanto más incómodos y desgraciados seamos en nuestras vidas, más normales somos.

Así que a pesar de postergar la decisión, las ganas de cortar la relación continúan. Por lo que te vas marcando plazos para ver si se te pasa solo y resulta que en realidad no quieres dejarlo. Así que cuando el margen de un día no es suficiente empiezas a ir ampliando los plazos poco a poco.

– Venga, si sigo sintiendo lo mismo dentro de dos semanas la dejo.

Y en cuanto haces ese acuerdo contigo mismo se te quita un peso de encima. Estás tan contento de que ya no tengas que pensar en tomar la decisión que te olvidas de lo que te preocupaba y no haces nada. Lo que querías era dejar de darle vueltas al asunto, así que te tomas un descanso, y solo dejas pasar los días.

Pero dos semanas pasan muy rápido y los nervios vuelven otra vez porque sigues sintiendo lo mismo. Es decir, nada de amor hacia tu pareja. Pero claro tomar decisiones es complicado así que te pones otro plazo más.

– Seguro que todo esto es temporal, es una etapa que estoy viviendo y todo se va arreglar por sí solo. Es el amor de mi vida. Así es como lo sentí hace un tiempo, y esto no puede acabarse, el amor puede con todo, ¿no?, vale, vamos a ver un mes más a ver qué pasa, y sino la dejo y ya está.

Y vuelve esa sensación de bienestar porque has aplazado el tener que tomar la decisión que te preocupaba. Como el plazo parece muy lejano te vuelves a olvidar de todo.

Lo curioso es que lo más seguro es que en tu relación simplemente se haya acabado el amor o quizá es que tengas algún problema. Pero en lugar de usar ese plazo, que te das, para intentar descubrir si hay solución a los posibles problemas y comprobar realmente si quieres seguir estando con esa persona , lo utilizas para no darle vueltas porque es más cómodo y crees que si hay un problema este se arreglará solo.

Y por otro lado, no intentas nada porque en realidad no te salen las ganas de querer intentar algo. Aunque no lo quieras admitir, no deseas estar más con esa persona.

Crees que no pasa nada por obviar lo evidente y dejar que los días pasen esperando que todo se arregle solo. Pero tu cuerpo no es tan fácil de engañar y te irá recordando lo que realmente sientes sin parar y reaccionará instintivamente haciendo caso a lo que siente.

Por ejemplo, antes buscabas momentos para ver a tu pareja. En cambio, ahora, buscas momentos para no verla. Quieres creer que no es por ti, sino que son las circunstancias y que casualmente se te han juntado muchas cosas que hacer y no puedes decir que no a ninguna ni dejarlo para otro día. De repente te creas “compromisos ineludibles” para usarlos como motivos de fuerza cuando tu pareja te diga de quedar y te diga que hace tiempo que no os veis.

-No soy yo, es que se me han juntado todas estas cosas que tengo que hacer (y que nunca has dado importancia antes, claro)

Todos estos “compromisos ineludibles” no solo los usas para tu pareja, sino también son válidos para ti mismo. Con ellos intentas quitarte el picazón de la conciencia que te dice:

-No es verdad que no puedas quedar con tu pareja, sino que no quieres.

Tras esto la conciencia se empieza a transformar en una carga sobre tus hombros. Una carga que se va volviendo más pesada cada día porque lo que empiezas a sentir ya no es amor, sino una lucha entre el esfuerzo por quedar con tu pareja y hacer caso a lo que sientes realmente.

Es una señal muy clara:

Cuando buscar tiempo para ver a tu pareja resulta más un esfuerzo que una satisfacción, mal vamos.

Pero claro, sigues sin atreverte a cortar con la relación, así que dejas a un lado esa posibilidad y te pones a buscar motivos y razones que sirvan para seguir con tu pareja y que tu conciencia deje de tocarte los cojones. Es lo que yo llamo los juicios anteriores.

Tú te acusas de no hacer lo que quieres y tú mismo te defiendes buscando razones que apoyen que la mejor idea es seguir con la relación.

Existen muchos alegatos para intentar convencerte de que lo fácil y sencillo es seguir con tu pareja. Lo único que tienes que hacer es elegir. Hay gente a los que les vale solo uno y otros necesitan la combinación de varios. Esto va al gusto del consumidor.

Bien, yo he llegado a clasificarlos en tres grupos. Los pongo a disposición de cualquiera que se encuentre en esta situación y necesite una mano con la búsqueda de motivos para no dejar a su pareja a pesar de que no quiera seguir con la relación.

La clasificación es la siguiente:

Argumentos que solo tienen que ver contigo.

Motivos que incumben a tu pareja.

Motivos que afectan también al resto de gente.

A partir de esas premisas llegan los pensamientos para reforzar estas ideas. No hay un orden determinado. Si lo crees necesario puedes usar todos los que quieras y mezclarlos según tu situación personal.

Continúa en Hoy no la dejo, mañana sí 2º Parte

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