Heridas que duran toda la vida

Tengo con mis amigos un equipo de fútbol sala. Jugamos un día a la semana y entrenamos dos. Me gusta este equipo. Lo formamos los amigos de toda la vida y para mí significa pasar un buen rato con ellos.

En el equipo, entre otros, están Rubén y Miguel. A los dos los conozco desde siempre. A ambos les encanta jugar al fútbol. No he visto a dos personas que disfruten tanto jugando al fútbol. En cada partido lo dan todo y siempre esperan meter varios goles.

Durante un partido, casualmente, los dos se lesionaron. Ninguno de los dos se esperaba que ocurriera. En aquel momento íbamos muy bien en la clasificación y todos pensábamos que podríamos ganar la copa y hasta subir de división. Ellos ya se veían levantando el trofeo pero, inesperadamente, los planes que tenían se truncaron.

Visitaron al fisio y les dijo que tendrían que guardar reposo y dejar de jugar por varios meses. A los dos les jodió mucho tener que dejar lo que les gustaba y vivir una vida diferente, pero cada uno se lo tomó a su manera.

Miguel, a pesar de estar jodido, se lo tomó con más calma. Reposaba y hacía los ejercicios que el fisio les había recomendado. Como tenía más tiempo libre entre semana, y no podía moverse mucho, empezó a leer más que antes y a ver muchas películas. Al tiempo, cuando pudo moverse, empezó a hacer otro tipo de deportes y descubrió que la natación le gustaba bastante. Si podía venía a vernos a los partidos y nos animaba.

Cuando se sintió recuperado, tardó un tiempo en volver a jugar porque descubrió que le apetecía también seguir con la natación. A todos nos sorprendió muchísimo porque Miguel era de los que vivía por y para el fútbol. Nos dijo que ahora mismo quería probar otras cosas y que cuando le apeteciera volver a darle a la pelota se apuntaría sin dudarlo. Pero que había visto que había más cosas en el mundo.

Por otro lado, Rubén se tomó muy mal tener que estarse quieto todo ese tiempo. Él decía que necesitaba jugar al fútbol. Pensaba que cada minuto que no jugaba era tiempo perdido, que así iba a perder la forma y que no podía vivir haciendo otra cosa.

En lugar de reposar y descansar, cada día, intentaba forzar el curarse. Nunca venía a vernos a los partidos porque decía que le cabreaba ver que los demás jugábamos y él tenía que amargarse en la grada mirando. Se sentía muy desgraciado y desdichado.

Casi no hizo ningún ejercicio que le mando el fisio porque él decía que no hacía falta. Estaba seguro que se le iba a curar solo y que además tampoco tenía tanto.

En cuanto se sintió un poco mejor quiso volver a jugar. Cada vez que venía se hacía más daño y jugaba peor. No se concentraba y si algo le salía mal le echaba la culpa a la lesión.

Empezó a decir que sino hubiera sido por esa lesión ahora estaría perfecto, que toda la culpa la tenía esa lesión. Nosotros le repetíamos que se tomara más tiempo antes de volver a jugar. Él nos mandó a la mierda y nos dijo que nosotros no teníamos ni puta idea.

En lugar de esperar a que se le curara, decía que prefería estar ahí sufriendo que sentado en el sofá sin hacer nada. Nos contaba que no iba a estar perdiendo el tiempo cuando apenas le dolía. Aunque yo siempre le veía cojear al terminar el partido y cada vez más cabreado y asqueado.

Llegó el día en el que Miguel volvió al equipo con muchas ganas y motivación. También continuaba haciendo las demás cosas que había descubierto cuando no estaba jugando, pero nos dijo que le apetecía volver a jugar.

Pasaron las semanas y un día Miguel y Rubén se volvieron a lesionar en otra articulación. A los dos les jodió mucho tener que volver a darse de baja. Miguel dijo que era una putada, pero bueno que no pasaba nada porque cuando se sintiera recuperado y con ganas volvería. No todo en esta vida era el fútbol.

En cambio Rubén tenía aún el dolor de la antigua lesión y de la nueva y se sintió muy jodido por no poder jugar. No concebía el mundo sin jugar al fútbol. Así que volvió a hacer otra vez lo mismo y continuó jugando a pesar de no estar recuperado del todo.

Ya le dijo el fisio que sino curaba bien la lesión, esta siempre acabaría apareciendo.

Esta situación se puede aplicar a otro aspecto de la vida. Las rupturas de pareja.

Para Rubén cuando la relación se acaba lo toma como algo catastrófico y piensa que necesita tener pareja para volver a sentirse feliz. Entonces, en lugar de tomar reposo y curarse la herida, se fuerza en intenta sustituir ese dolor con la siguiente persona.

Arrastra la carga de dolor que le provocó la primera lesión y la vuelca sobre la nueva. Y si encima esta nueva relación se acaba, va acumulando el dolor.

Como no se detiene a tomarse un respiro para curarse y coger fuerzas, vuelve a arrastrar ese dolor a la siguiente. Además siempre le echa la culpa a las relaciones anteriores de haberle hecho así.

Pero para Miguel fue diferente. A él le dolió tanto o más que a Rubén que su relación se acabara. Pero decidió tomárselo de una manera más tranquila. Asimiló lo que había pasado y aprendió a estar consigo mismo. Gracias a ello descubrió cosas nuevas sobre si mismo y volvió a tener pareja cuando se sintió con ganas y le apeteció.

En ambos casos resultó que sus nuevas parejas tampoco duraron mucho. Pero mientras Rubén se sintió desdichado porque nunca tenía la vida en pareja que tanto ansiaba, Miguel entendió que estar en pareja y estar sin ella son formas de vida totalmente válidas.

Cada vez que la relación se acaba es momento de estar con uno mismo, asimilar lo que ha pasado y cuidarse uno a si mismo. No hay que colocar esa responsabilidad en los demás.

Muchas veces oigo la frase ¿Cuánto tiempo es necesario para recomponerse y volver a salir con alguien? Sinceramente no lo sé.

Es curioso que para los dolores físicos existan aproximaciones, pero para los dolores emocionales depende de cada uno. Cada ruptura es un mundo y tiene sus matices. Es una situación intensa que afecta a nuestro estilo de vida. No es algo para obviarlo y creer que cuando llegue la siguiente se pasará.

Una ruptura no es una transición hasta la próxima pareja. Es un nuevo estilo de vida que puede que dure días, semanas, meses o incluso años.

Sea física o emocional, cuando una herida no se cura bien desde un principio volverá a aparecer continuamente a lo largo de la vida.

Así que creo que cuando experimentemos una ruptura lo mejor es tomarse un tiempo y cerrar bien esa relación y la herida, antes de meternos a otra.

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