La gota que colmó el amor platónico

Lo malo de sufrir en silencio, es precisamente eso, que solo tú sabes cuánto estás sufriendo. Nadie sabe leer la mente así que es imposible que los demás sepan lo que piensas y sientes si no lo dices.

Marisa estuvo así varios años, sufriendo en silencio por un amor platónico, y llenando su vaso gota a gota hasta que hace unas semanas cayó la última y lo sacó todo… además de tequila, ron y el vino de la cena de esa noche.

Era un sábado de fiesta como otro cualquiera, en el que nos juntamos unos cuantos y salimos por Madrid. No sé qué hora era, pero recuerdo que estaba degustando el sabor de la colonia con limón, que me había servido una camarera, a pesar de que yo había pedido Ron Brugal, y pensando que al día siguiente iba a ser muy probable que me doliera la cabeza cuando vi que Marisa salía disparada hacia la puerta. No me extrañó, llevaba un rato sin despegarse de la barra hinchándose a chupitos de tequila.

Salí tras ella. Fuera había llovido y el ambiente estaba aún húmedo, pero el alcohol que llevaba en el cuerpo me ayudó a no sentir el frío. Me pareció ver a Marisa entre dos coches —no veo de lejos y por la noche mucho menos— con la cabeza agachada y echando todo lo que se había tomado en las últimas horas. Me recordó a cuando se rompió el grifo de mi casa y no había manera de cortar el agua, era un no parar. Entre arcada y arcada, mientras le sujetaba la cabeza y le apartaba el pelo, me empezó a contar la otra cosa que, además del tequila, le había revuelto el estómago.

El motivo era Dani, otro amigo nuestro, que se había marchado un rato antes con una rubia a la que acababa de conocer en el pub. Resulta que estaba enamorada de Dani.

Llevaba años sufriendo en silencio sin que nadie lo supiera, no se lo había dicho ni a sus amigas más íntimas.

Cuando terminó de soltar el tequila y lo demás de la cena nos sentamos en un banco, lo más lejos para que no llegara el olorcillo de la mezcla de alcohol a medio digerir, y siguió vomitando otras cosas que llevaba dentro desde hacia tiempo. Como veía que iba a para largo le compré una lata de cerveza a un chino que se nos había acercado para ofrecernos sus productos. Le pregunté si tenía manzanilla para mi amiga, pero estaba falto de surtido.

Marisa me contó que Dani le gustaba desde el principio. La conocemos desde hace unos cuatros años más o menos, desde que Alejandro empezó a salir con una amiga suya y los dos grupos se unieron. Como era muy cortada no se había atrevido a hacer nada. Ella esperaba a que él se lanzara porque estaba convencida de que si a un chico le gusta alguien no duda en ir a por ella. (Una ley tan cierta como que la lluvia cae para arriba en el hemisferio sur).

Según ella él no intentó nunca nada, pero tuvieron mucho contacto y se hicieron muy amigos. Ella estaba enamorada por completo, pero como parecía que él no se iba a lanzar nunca, y ella por supuesto no iba a intentar nada, creyó que podría conformarse solo con su amistad y lo convirtió en su amor platónico. Pero a pesar de su autoengaño su cuerpo le pedía aún más.

-Si es que soy gilipollas, ¿sabes que más de una vez he pensado cómo sería nuestra vida juntos? Hasta había elegido los nombres de nuestros hijos. Qué triste… pero es que… a veces es casi como si tuviéramos una vida en pareja.

Cierto, se escribían por whatsapp a todas horas, veían las mismas series, iban juntos a clase de alemán —a él le hacía falta por su trabajo, ella se había apuntado solo para estar con él— o quedaban para tomar algo y contarse sus vidas.

Casi parecían una pareja, pero el matiz era el CASI. Parecían una pareja, pero no lo eran. Les faltaba lo fundamental para cambiar su estado, y claro, cuando los dos estaban solteros a ella le valía el placebo de la amistad, pero durante estos cuatro años han pasado muchas cosas. Ambos han tenido alguna que otra pareja, aunque ninguna llegó a durar mucho.

Tras una falsa alarma de volver a vomitar, Marisa me siguió contando que ella sufría cuando Dani estaba con otra chica y cuando la llamaba para contarle sus problemas amorosos. Más de una vez había pensado en no cogerle el teléfono, pero se sentía mal si no estaba allí con él, justo cuando más la necesitaba.

Durante este tiempo han tenido oportunidades de estar juntos, pero ninguno de los dos hacía algo. Por lo que me dijo, esperaba que él diera el primer paso porque ella no se atrevía. Marisa siempre tenía motivos para no hacerlo, aunque todos se podrían resumir en una frase: la paralizaba el miedo de intentar algo y estropear lo que tenían.

Solo veía que Dani la rechazaría y que lo perdería. A esto debo añadir que Marisa nunca ha dejado a nadie, todas sus parejas han sido quienes han llegado a romper con ella. No es que tenga nada malo, pero cuando la relación ya no funcionaba ella nunca se atrevía a dar ese paso, aguantaba y aguantaba porque tenía la esperanza de que todo se fuera a solucionar solo. Lo mismo que le pasa con Dani, ella creía que si tenía que estar con él todo saldría por sí solo.

Una cosa es no forzar la situación y otra creer que ocurrirá aquello que deseamos sin intentar hacer nada.

El amor no da superpoderes y por mucho que quisiera a Dani si ella no decía nada o hacía algo era imposible que él lo supiera con certeza.

Dani y Marisa llevaban varios meses sin estar con nadie y ella había vuelto a su situación de amistad-relación-placebo de la que no quería salir por miedo a lo que pasara. En ese momento me confesó que se había empezado a hacer ilusiones con Dani. Los dos llevaban tanto tiempo sin ninguna pareja que ella sola supuso que era cuestión de tiempo que él se lanzara. Mientras eso ocurría, ella iba montando en su cabeza toda su vida futura en pareja: el primer viaje que iban a hacer, el primer regalo de aniversario, verle todos los días nada más despertarse… esto era algo que solo ella sabía y nadie más. Llegó a pensar que solo con eso era suficiente… pero aquella noche, cuando Marisa le vio besando a la rubia y agarrando su culo fue un choque con la realidad que su mente no quiso ver y la situación pudo con ella.

—¿Merece la pena?

—¿El qué?

—Seguir así en lugar de saber si podría haber algo.

—¿Y si se estropea nuestra amistad? ¿Y si me aparta de su vida?

—¿Y si tú también le gustas? ¿Y si empezáis a salir?

—Ese es el problema, que no lo sé. Tengo miedo.

—Claro, ni tú ni nadie lo sabe y todo el mundo tiene miedo. Es un sentimiento muy normal, pero si quieres intentar algo hazlo a pesar del miedo. Cualquiera de las cuatro opciones puede ser y solo hay una manera de saberlo. ¿De verdad te merece la pena estar así? En lugar de tener el sabor de José Cuervo en la boca podrías tener el de Dani. Que tampoco sé cual sabrá mejor, pero creo que es el que te gustaría probar.

—Ya…

Marisa bajó la cabeza y se quedó en silencio. Como ya no iba a vomitar más, en ningún sentido, nos fuimos a casa. Fue un gran paso para ella decir todo esto, pero no era a mí a quien debía contárselo, sino a Dani. Pero con él hablaba de todo menos de sus sentimientos.

Pasaron las semanas y que yo sepa Marisa no le dijo nada. El rollo que tuvo esa noche no pasó de eso, pero a ella le marcó más que otras veces. Se había acomodado demasiado en su autoengaño y aquel golpe de realidad fue la gota que colmó su amor platónico y su relación con él cambió.

Ella empezó a alejarse de él… para luego acudir en cuanto la llamaba.

Su drama cambió de «me conformo con la amistad » a «ni contigo ni sin ti », que no sé cual es peor, ahora ella se sentía mal hasta siendo amigos. El amor que sentía se empezó a convertir en algo tóxico. Por un lado quería cortar lazos para olvidarle, pero por otro tenía la esperanza de que si seguía junto a él, algún día, se lanzaría y no quería perder la oportunidad. Siempre acudía a su llamada, no pasaba nada y volvía a sufrir en silencio prometiéndose que iba a ser la última vez.

Nos pasamos más tiempo pensando en cómo serían las cosas que comprobándolas. Y encima le damos más valor a los contras que a los pros. Es cierto que quizá hubieran empezado una relación y no hubiera salido. No hay ninguna garantía y es una posibilidad como tantas otras. Pero creo que es mejor abrir la puerta, atravesarla y saber qué hay al otro lado en lugar de quedarse fuera por miedo y sufrir igualmente. Salga lo que salga ningún resultado será una catástrofe y al menos, pase lo que pase, será real y no nos quedáremos solo en los supuestos.

Si prueba y no funciona ninguno de los dos se va a morir, pero al menos, Marisa, podrá pasar página y seguir con su vida. Tomar ese camino es vivir la vida y la opción que sigue cogiendo es temer vivir la vida y dejando que el miedo controle sus decisiones.

Son dos estilos posibles y es elección de cada persona vivir uno u otro.

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