Estar enamorado y amar no es lo mismo

Hay quien dice que lo que busca es amar cuando en realidad solo quiere estar enamorado.

Son dos palabras parecidas que significan cosas distintas. Estar enamorado es esa época inicial en la que cuentas los minutos que faltan para volver a ver a esa otra persona, no paras de querer tener sexo a todas horas y, siempre que puedes, aprovechas cada ocasión para hacerlo,( ¡ay! Si hablara la mesa de la cocina…). Y amar viene después.

Esta primera etapa mola mucho y hay que aprovecharla todo lo que se pueda, —sin llegar a obsesiones en las que piensas que sin esa otra persona no vives— pero hay que verlo como lo que es: una fase más dentro de la pareja.

En las relaciones hay varias etapas y las que funcionan de verdad evolucionan desde la pasión (el enamoramiento) al compromiso (amarse). Es decir, se pasa de un amor romántico a un amor de compañeros que puede ser más duradero en el tiempo que el que se tenía al principio.

Entre uno y otro existe una época de transición que la mayoría de parejas no consigue pasar porque muchos lo ven como algo catastrófico en lugar de un proceso natural.

Es un momento delicado porque esta transición comienza cuando nuestro cuerpo enamorado (hasta las trancas), llega a un punto en el que se empieza a estabilizar y no está pensando en tener sexo las veinticuatro horas. Da igual el amor que se tengan el uno al otro, nadie puede estar en un estado de enamoramiento para siempre, pero eso no significa que se deje de querer a la pareja.

Hay quien tiene la creencia de que una relación duradera es la que se mantiene tan pasional y activa en el tiempo como el primer día. Esta manera de pensar causa mucho dolor porque es inevitable que la pasión se reduzca y la frecuencia del sexo también.

Quienes, cuando ocurre, lo ven como algo malo es porque piensan que estar enamorado y amar es lo mismo. Creen que el único amor de verdad es ese que se tiene al inicio de la relación donde la pasión es lo único que importa y que, además, tiene que ser así para siempre. Pero esta bajada de deseo sexual le sucede a todo el mundo. Por eso no hay que verlo como un problema sin solución, sino como algo natural que forma parte del ser humano y, sobre todo, que puede hacerse algo al respecto.

Esta disminución de deseo puede suceder a la vez o por separado. En ambos casos surge una situación muy tensa que la pareja tiene que resolver. Este escenario puede desembocar en tres caminos:

  • La pareja desaparece.
  • La pareja continúa dando lugar a una relación infeliz y llena de rencores.
  • La pareja lo supera juntos y sus lazos se fortalecen.

Curiosamente conozco más casos de los dos primeros que del tercero. Eso es porque cuando ocurre, lo viven como una catástrofe y piensan que ya no quieren a su pareja tanto como antes. Pero no tiene porque ser cierto, a pesar de bajar el deseo el amor puede ser el mismo. Pero como no lo ven así, al sucederles se asustan y piensan que el “hechizo” se ha acabado, cuando, en realidad, a partir de ese punto la relación empieza de verdad. Al estabilizarse tu cuerpo dejas de estar tan ciego y comienzas a descubrir a tu pareja. Por así decirlo, durante la fase del enamoramiento los dos están tan cachondos que no son capaces de ver las imperfecciones del otro. Pero esas cosas estaban ahí desde un principio, solo que no se querían ver.

Ese es el motivo por el que esta transición, entre el amor romántico al de compañeros, puede ser un momento muy tenso y un problema. Por eso en cuanto aparezca, cosa que ocurrirá sí o sí, lo mejor es hablarlo porque es un problema que hay que solucionar en pareja. No querer verlo como algo normal y callarse es lo peor que se puede hacer. Cuando no se trata de manera clara, puede surgir que quien tiene la disminución de deseo se vuelque en sus amigos, familia o hijos. Y por otro lado, la parte con mayor deseo puede ponerse en una postura ofensiva y llegar a provocar mucho daño emocional.

-¿Me estás diciendo que le diga a mi chica que ya no me pone igual que siempre? ¿Tú estás loco?

-¿Quieres que le diga a mi novio que no quiero hacerlo tanto como antes? ¿quieres que le hunda la moral? Seguro que es algo pasajero, prefiero no decir nada que ya se pasará solo.

Es un momento difícil, por supuesto, pero como todo hay que tener un poco de tacto y enfocarlo de una manera sencilla. Lo que ha ocurrido es que el deseo ha disminuido, no que no os queráis y os deis asco. Si no te excitas tanto como antes explica al detalle qué hace que te excites. Hay que trabajar para que el sexo siga siendo divertido. Cada uno tiene su propia forma para ponerse a tono y es imposible que nuestra pareja nos lea el pensamiento.

Por muy raro que te pueda parecer lo que te excite, que tu pareja lo sepa creo que es más sano y productivo que esperar a que lo adivine algún día por ensayo y error, o peor, porque le venga la inspiración.

Como también empiezas a darte cuenta, a lo largo de esta transición, de las cosas que no te gustan de tu pareja es muy normal discutir más que antes. Pero nunca hay que caer en la falta de respeto. La base de una relación sana es compartir los sentimientos, revelar los deseos y comentar los disgustos.

Conozco a varias personas, con pareja desde hace años, que se ríen al oír esto y piensan que una relación realista es lo que hacen ellos en cuanto tienen un problema: critican el comportamiento de la otra persona, actúan a la defensiva, ponen toda la responsabilidad en la otra parte y crean distancia. Estamos tan acostumbrados a que haya personas que viven su relación durante años, de este modo, que nos resulta extraño y loco pensar que hay que decir lo que uno quiere y no quiere para que los demás lo sepan.

Eso sí, no confundir con tener una gran discusión en la que solo te centras en todo lo que te molesta de tu pareja. Eso solo envenena, crea distancia y lo más seguro es que la relación no vaya a ningún sitio. Se trata de discutir de manera constructiva. Ya dije que no hay que estar de acuerdo en todo, sino que la discusión se debe entender como una manera de hacer ver a tu pareja como te sientes.

La solución fácil es centrarte en la ira y el resentimiento hacia tu pareja para ponerle toda la responsabilidad de que la relación no está funcionado. Es una opción, y más usada de lo que se debería, pero no la única. También puedes aceptar que para salir del círculo vicioso de discusiones hay que empezar por cambiar tu actitud, que eso sí está en tu mano. Como siempre, es una decisión de cada persona.

Pase lo que pase, siempre hay que hacerle saber a tu pareja que la quieres, la indiferencia puede acabar con cualquier relación.

La única forma de construir relaciones duraderas se basa en superar esta transición del romance al compañerismo, creando un amor duradero con la suficiente cantidad de sexo que será menor que en la etapa anterior.

Hay que aceptar que una vez que se termina la fase de enamoramiento romántico el sexo disminuye, pero no debe desaparecer. Es algo fundamental en la relación amorosa de compañerismo. Una pareja sin sexo no es una pareja. Hay que seguir buscando los momentos de intimidad y haceros saber el uno al otro lo que os gusta para que el sexo siga siendo divertido y se convierta en una experiencia con la que fortalecer vuestros lazos.

Que, por cierto, recuperar primero las caricias y los besos ayudan más a mantener un amor duradero que tener sexo sin más con tu pareja.

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