El bollito de la rubia. 3ºParte

La primera parte aquí: El bollito de la rubia. 1ºParte

La segunda parte aquí: El bollito de la rubia. 2ºParte

Su mundo se le paralizó y se quedó en lo alto de la escalera. Lo malo era que el resto del mundo estaba en movimiento y varias personas le dijeron palabras muy poco agradables porque obstruía el paso.

Se apartó y curiosamente sus piernas le llevaron hasta la cafetería. Cuando le tocó el turno le preguntó al chico que dónde estaba su compañera. Le dijo que se había ido a otra estación porque iban rotando entre las cafeterías. Preguntó que a cuál, pero no supo decirle.

Se dirigió al metro con una sensación extraña entre tristeza e incertidumbre. No entendía qué estaba pasando. ¡No la volvería a ver jamás!

El mundo, por supuesto, se le volvió a caer a los pies. Apenas hizo nada en el trabajo y luego se pasó la tarde tumbado en el sofá escuchando más bandas sonoras de películas.

Iba a empezar a llorar cuando otra canción le dio una idea. Era de una película en la que el chico iba al trabajo de ella y le sacaba en brazos para irse a vivir su historia de amor.

¡Él sabía donde trabajaba¡ Bueno, no exactamente, pero sabía que era una cafetería que estaría en alguna estación de metro. Sería un trabajo duro y tardaría días, pero bueno, todo vale cuando es por el amor verdadero.

Esta era la nueva situación perfecta que le estaba ofreciendo el destino. Casi se le caen las lágrimas pensando que ella caería rendida a sus pies cuando la contase lo que había hecho.

¡Esto si que es sacrificarse por amor! ¡Justo lo que hay que hacer cuando se está enamorado!

Fue una operación laboriosa. Primero localizó en qué estaciones había una cafetería de la cadena en la que ella trabajaba. Descubrió que era una cadena bastante grande y que tenía sitios repartidos por toda la red de metro. Podría tardar bastante tiempo en encontrarla, pero no importaba, valía la pena hacer esa locura por amor.

Una vez fichadas, empezó a visitarlas de una en una. Tenía que ir dos veces, primero durante el turno de mañana y luego durante el turno de la tarde.

Así que se levantaba una hora, o dos, antes para visitar algunas de camino al trabajo y luego cuando terminaba su jornada, se desviaba nuevamente de su ruta habitual para visitar las mismas pero en el horario de tarde.

No todo fue alegrías, más de una vez dudó en continuar, pero entonces recordaba esa chispa en la mirada que había encendido aquel fuego pasional y volvía a recobrar fuerzas para continuar.

Tenía tan claro que volvería a vivir el momento perfecto que cambió el modo aleatorio, en su reproductor, por el de repetir la misma canción una y otra vez.

Fue duro, pero consiguió encontrar a la rubia tras varias semanas.

Allí estaba, con sus ojos verdes, su melena rubia y el bollito en la mano a punto de servírselo a un cliente. En ese preciso instante, cuando iba a darle aquel dulce a otra persona, los ojos de ella miraron para otro lado y se encontraron con los de él.

¡Exactamente igual que el primer día!

¡En pleno clímax de la canción!

Se acercó decidido, y con el volumen a todo trapo. Terminó de despachar y lo miró.

Ella dijo algo, pero no podía escucharle. Tenía los auriculares puestos a todo volumen. La rubia los señaló y él se los tuvo que quitar. Se asustó por un momento, pero al hacerlo notó que tenía el volumen tan alto que aún se escuchaba la música de fondo y que seguía estando como la banda sonora de ese momento.

-¿Qué va a tomar?

Abrió la boca para soltar su frase mágica.

-Pues el otro día…

No siguió hablando. Se quedó callado de repente.

El motivo fue algo que dijo e hizo la compañera de la rubia en ese momento. Esta vez su mundo no se le hundió, sino que se desintegró instantáneamente como si se hubiera caído una bomba nuclear.

¡Su compañera había colocado su mano sobre la tripa de la rubia!

-Apenas se te nota, yo desde el principio engordé un montón ¿cuándo te hacen la primera ecografía?

-Quedan varias semanas. Aún es muy pequeño.

«Vale, podría ser madre soltera. Una luchadora de estos tiempos, no pasa nada, querré a ese bebé como si fuera mío», pensó él.

Como si la compañera hubiera oído el interior de su cabeza continuó diciendo algo que lo terminó de rematar.

-¿Y qué tal lo lleva él?

-Está como loco, no para de ir a tiendas de bebés para comprar cosas. Hoy se ha ido con mi madre a por la cuna. Perdone, ¿qué me ha dicho que va a tomar?

-Eh…Eh… un café.

-¿Sólo?

«No lo sabes tú bien, y para el resto de mi vida». Pensó hacia sus adentros mientras asintió con la cabeza.

-Hoy tenemos oferta de café más bollo por 1,20. Además me han salido mejor que nunca, super tiernos y sabrosos ¿Quiere comerse uno?

Sin decir nada, soltó el dinero y se marchó de allí con su café amargo y sin probar, en la realidad, los dulces bollitos de la rubia que tanto había saboreado en sueños.

Fin.

This Post Has 5 Comments

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  2. Poli Impelli

    Cuánta soledad hay que sentir como para hacer algo así, ¿no? Me terminó dando penita el pobre flaco :-(. Pero créeme que tengo amigas que han hecho algo igual. Aún así, vale la pena arriesgarse. Luego, tras la “derrota”, conocerse más para saber hasta qué punto, lo que sentimos es intuición certera, o pelotudez emocional. 😛
    Abrazo creativo.

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