¿Dónde estoy yo?

Hace unos días me puse a preguntar a diferentes personas de diferentes sexos que me describieran a Wally, el personaje del libro, y que luego me describieran a su persona ideal, es decir, su Wally personal.

En el primer caso todos coincidieron en sus descripciones. Normal, en los libros de Wally nos han detallado cómo es la persona que tenemos que buscar. Al abrir cualquier página nos encontramos con un escenario donde hay muchos personajes diferentes, pero no les prestamos atención porque ninguno es el que buscamos. Así es como funciona el juego y uno busca a Wally siguiendo las pautas que le han marcado.

Después, cuando se pusieron a describir a su Wally particular, para mi sorpresa, todas las respuestas fueron: Pues lo mismo que todo el mundo.

También nos han dado unas pautas, normalmente a través de nuestros padres y películas, con las que hemos crecido y en las que se nos indica qué tipo de pareja tenemos que buscar para ser felices. Se supone que así es como funciona el juego —entiéndase la vida y el amor. —Visto así, parece que todos tenemos que encontrar al mismo Wally y que todos nos tenemos que atener a estas normas idealizadas.

Vuelvo otra vez a la encuesta. Como las respuestas que me dieron me parecieron un poco escuetas, les pedí que las desarrollaran un poco más y resultó que sus descripciones no tenían nada que ver las unas con las otras. ¡Vaya! Resulta que, aunque en un principio todos buscaban lo mismo, al profundizar un poco se vio que cada uno tenía un Wally particular en mente.

Creemos que todos queremos buscar lo mismo y no es cierto. Tal vez para ti tu Wally es rubio y sin gafas, en cambio, para otros en lugar de llevar un jersey a rayas usa una camisa de cuadros y para algunos en lugar de viajar tanto prefieren a una persona que disfrute de paseos por el parque.

¿Qué conclusión saqué de todo esto?

Pues que el amor no es objetivo, bueno es el objetivo de mucha gente, pero en realidad es algo subjetivo.

No es raro ver a una pareja que conoces y preguntarse: «¿Cómo puede ser que estén juntos? Se les ve muy bien, pero yo nunca estaría con alguien así. Seguro que no se quieren». —Por supuesto nos encanta pensar mal de los demás. Como nosotros estamos jodidos y no hacemos nada para cambiar nuestra vida, pensamos que los demás actúan igual y se conforman con «lo que les ha tocado».

—Me estás dando la razón, como cada uno busca algo diferente a los demás, significa que hay alguien, ahí fuera, que es solo para mí. En algún lugar está mi Wally. —Dijo mi amiga Teresa.

¿Dónde está Wally? ¿Dónde está Wally? ¿Dónde está Wally? ¿¿¿¿¿¿¿Dónde está MI Wally???????

No paran de repetirse esta pregunta personas como Teresa sin encontrar una respuesta clara. Buscan y buscan pero no encuentran. Creen que hay un Wally por ahí fuera que les está esperando y que no van a poder ser felices hasta que lo encuentren. Ya dije en Buscando a Wally que no existe nadie específico que haya nacido exclusivamente para estar con alguien en particular.

—¿Me quieres decir que no sirve de nada buscar porque no hay ninguna persona con quien pueda compartir mi vida? ¿No hay nadie perfecto para mí? —Continuó mi pobre amiga asustada ante la posibilidad de un futuro muy negro y lleno de soledad.

—No es eso lo que estoy diciendo. Claro que existe la posibilidad de que encuentres a alguien —entiéndase tu Wally particular —lo que digo es que no es una persona determinada por el destino ni el universo ni nada de eso. El que alguien sea más adecuado para ti no depende de donde esté la otra persona para que la encuentres, sino que tienes que planteártelo desde otro punto.

La pregunta que hay que hacerse para identificar a nuestro Wally particular no es ¿dónde está Wally?, sino ¿dónde estoy yo?

La vida de nadie está escrita ni existe «algo» que nos marca el camino. A lo largo de los años tomaremos decisiones, viviremos situaciones y nuestras prioridades y preferencias irán cambiando, por lo que, nuestro Wally particular irá variando en función del punto en el que nos encontremos. No nos interesa el mismo tipo de persona con quince años que con treinta. Esto es porque cada vez se van viviendo más experiencias, que serán las propias de cada uno, y el conocimiento de la vida es diferente.

Si hubieras vivido otras experiencias y buscaras otras cosas en la vida seguramente no harías el mismo caso a la misma persona. Por eso, a veces, cuando no pasa algo con alguien, al cabo del tiempo puede surgir. Esto no es porque esas dos personas estén hechos el uno para el otro y no lo supieran, sino que la casualidad de la vida ha hecho que los dos estén en el mismo punto y busquen lo mismo.

Es decir, que alguien que conozcamos pueda ser más o menos adecuado para nosotros va más en función al momento por el que estamos pasando que a un sentimiento idílico sobre lo que es el amor. Que te interese, o no, lo que lo que te puedan ofrecer las demás personas dependerá de lo que tú quieras y busques en un momento determinado de tu vida, no porque esa persona haya nacido en particular para ti.

Por eso es importante saber: ¿dónde estoy yo?, ¿en qué momento de mi vida me encuentro?, ¿qué es lo que quiero ahora?

A estas preguntas hay que responderse de verdad, y detenernos el tiempo que haga falta, para saber la respuesta. No vale autoengañarse diciendo que no quiero ataduras cuando en realidad espero que cada rollete de una noche se convierta en el amor de mi vida. Ni tampoco al contrario, estar con alguien porque me da miedo estar solo cuando en realidad preferiría vivir a mi aire o me gustaría estar con otra persona.

Lo malo es que hacer esto significa trabajar un poco y dejar de poner nuestras responsabilidades en los demás y eso no mola. Si os da mucha pereza podéis recurrir a una frase muy habitual. Ésta la utiliza gente que no tiene absolutamente nada claro hacia dónde va su vida, pero prefiere el victimismo que coger las riendas de su vida y al menos intentarlo. La frase es la siguiente: No sé lo que quiero, pero sé lo que no quiero.

A la gente que usa esto como «solución para todos los problemas de su vida» —nótese el tono sarcástico—les pregunto lo siguiente: ¿por qué es relativamente fácil encontrar a Wally a pesar de la enorme cantidad de gente que hay a su alrededor?

Os dejo unos segundos para pensar. No hagáis trampas y darle un poco a la mente antes de seguir.

Bien, la respuesta es la siguiente: porque sabes cómo es y conoces lo que estás buscando.

La diferencia con el libro es que ahí todos buscamos a la misma persona, cuando en la vida real cada uno tendría que buscar al suyo particular. Cuanto más claro sabes dónde estás y qué es lo que quieres más fácil será el encuentro, o al menos más sano, porque no habrás perdido el tiempo con otra gente que no era exactamente lo que buscas. No te habrás empeñado en aferrarte a frases tipo; «por si acaso», «a ver si va a ser la persona y no me estoy dando cuenta», «hay que darse un tiempo para que surja el amor», «tiene todo lo que me gustaría pero hay algo que no me convence, voy a seguir a ver qué pasa». Sino que en vez de esperar a ver qué pasa, serás tú el que pasarás de esta persona, seguirás tu camino y podrás centrarte, sanamente, en buscar lo que quieres.

En definitiva el camino a seguir, para encontrar a tu Wally particular, va a depender más de que conozcas muy bien el punto en el que estás en tu vida, en lugar, del falso pensamiento, de que tienes que encontrarte con alguien que ha aparecido en el mundo solo para ti.

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  1. Pingback: Buscando a Wally - la vida real no tiene banda sonora

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