Descubriendo el camino. 1º Parte

Esther llevaba un mes bastante mal. Su novio, Ernesto, la había dejado por otra y ella no entendía nada.

¡Iban de camino para el tercer año y ahora él se enamora de otra!

De ninguna manera comprendía lo que había podido pasar. Ella creía que todo estaba bien, le quería y estaba segura que estarían juntos para siempre.

Durante este mes ella había dado vueltas una y otra vez a los últimos tiempos de su relación. Quería buscar pistas que le ayudaran a entender qué había pasado. Se imaginaba que así llegaría a sentirse mejor. Pero no llegó a ninguna conclusión definitiva. Era cierto que le había visto algo distante en los últimos tiempos. Más o menos desde que ella tuvo una lesión en la rodilla y le impidió moverse de casa varias semanas. Pero eso fue entonces, ahora ya puede caminar. Va cojeando un poco y le molesta bastante, pero si se mueve despacio y tranquilamente no le duele.

Llegó a pensar en mil y una teorías sobre los motivos por los que él se había buscado a otra persona, pero realmente no tenía manera de comprobar ninguna. Aun así, cualquier explicación que encontraba no le hacía sentirse mejor, al contrario, le provocaba más dolor.

Cientos de pensamientos y sentimientos la embargaban todo el cuerpo. Llegó a sentirse muy poco querida, no deseada e incluso pensó que la culpa era suya porque no le había dado lo que él quería. Últimamente no habían tenido mucho sexo por la lesión. Se echó la culpa por ello y se llamó así misma estrecha y frígida. Pero, a pesar de todo, nada de eso la hacía sentir mejor, lo único que conseguía era que sus ánimos se hundieran más cuando ella lo que quería era encontrar de inmediato un remedio a su tristeza.

Sus amigas Lucía y Rosa, que eran muy sabias, le dieron varios consejos.

-Lo que tienes que hacer es echar un polvo, ya verás como se te quita todo.- Empezó a decir Lucía.

-No tengo ganas de conocer a nadie.- Contestó Esther.

-Mejor, tírate a un desconocido.- Continuó Rosa.

-¡Estás loca!, con lo que me costó desnudarme delante de Ernesto…

-Es solo sexo, nada más, te lo tiras y pum, a por otro. Ya verás como te va a dar otra perspectiva. ¡Disfruta un poco de la vida!- Concluyó Lucía.

Ellas predicaban con el ejemplo. Cada vez que terminaban una relación se dedicaban a tirarse todo lo que se movía y Esther reconoció que se las veía muy contentas.

Lucía hacía mucho tiempo que no tenía una relación estable con nadie. Decía que no le hacía falta porque tenía unos cuantos “amigos” con los que quedaba de vez en cuando para ir desahogándose.

Por otro lado, Rosa había cortado la relación con su ex novio unos meses atrás y mientras le decía estos consejos a su amiga estaba quedando con un tío, que había conocido por Internet, para esa misma noche.

-Hasta que llegue el día que encuentre a mi príncipe azul, no voy a estar muriéndome de hambre.- Dijo mientras levantaba la mirada del móvil.

Esther alucinaba con la manera en que sus amigas vivían el sexo. A ella también le gustaba mucho. Con Ernesto lo hacían muy a menudo y juntos descubrieron muchas maneras de darse placer. Pero eso era porque ella se sentía muy confiada con él y estaba enamorada. No se imaginaba hacerlo con alguien a quien no conociera ni sintiera nada de amor hacia esa persona.

Cada vez veía que el mundo separaba más el amor del sexo y eso era algo que a ella le costaba comprender. Ver el comportamiento de sus amigas la hizo sentirse mal. Se sintió anticuada y que no iba al ritmo del mundo actual. Empezó a pensar que no era una persona normal. Cada vez pensaba más que, hoy en día, el mundo funcionaba de otra manera más rápida y que ella estaba “defectuosa” por seguir creyendo las cosas de esa manera.

Sus amigas vivían de otra forma el sexo y ella quería hacer lo mismo. Esther había visto que así habían arreglado sus males de amores y ella  también quería curarse y sentirse bien de una vez por todas. Estaba cansada de estar mal y triste y deseaba encontrar una solución definitiva a su dolor.

Así que con esta decisión en la mente y el corazón temblándole cogió su móvil y escribió. Su mensaje navegó por la red y llegó hasta el teléfono de Rubén. Que lo leyó al momento.

-¡Hola guapo! Soy Esther, ¿Te acuerdas de mí?

-¿Esther?, Esther…, Esther…- Pensó unos segundos y se acordó. Esther era esa chica que había conocido hace meses en un curso. Ella le había gustado e intentó tirarle fichas, pero no le hizo mucho caso y lo único que consiguió fue su teléfono.

-Claro que me acuerdo de ti, ¿Qué tal?

-Muy bien, a ver si nos vemos algún día para tomar algo.

-Vale… ¿Cuándo te viene bien?

Se escribieron unas cuantas frases más para concretar la hora y el lugar y Esther se despidió. Levantó la mirada y se encontró con una sonrisa de satisfacción y apoyo por parte de sus amigas.

Esther bajó la mirada y volvió a mirar la pantalla para releer la conversación. Ya estaba hecho. Había quedado con alguien a quien apenas conocía para tirárselo. Bueno, según lo que habían hablado iban a quedar únicamente para tomar algo, pero Esther esperaba que de esa noche no pasara. No quería conocerle demasiado, solo quería acostarse con él.

De repente, un nerviosismo y un dolor le subió desde la rodilla dolorida, pasando por su estómago, hasta invadirle todo el cuerpo.

Ella pensó que era porque iba a hacer una locura, pero que se le pasaría en cuanto todo esto terminara. Sus amigas le volvieron a decir que no se preocupara que una vez que lo hiciera, se sentiría mucho mejor.

Apenas pudo dormir por la noche. Aún no podía creer lo que iba a hacer al día siguiente.

Continúa en Descubriendo el camino 2º Parte

This Post Has 5 Comments

  1. laura

    Deseando que llegue la segunda parte. Muy identificada con Esther. Desde mi experiencia diría que forzar las cosas muchas veces solo hace que acabes echando más de menos lo que tenías o que incluso en vez de acostarte con otro acabes haciéndolo con tu ex…
    Tiempo al tiempo…no culparse a una misma es esencial. A veces se cruza otra persona en tu camino y zas…te cambia…no hay mayor explicación supongo 🙂
    Enhorabuena por el blog

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