Descubriendo el camino. 2º Parte

Viene de Descubriendo el camino 1º parte

Esther iba avanzando por la calle, a pesar de su cojera, a una velocidad más rápida que de costumbre. Le molestaba mucho su lesión pero no bajó el ritmo, quería terminar con aquello lo antes posible para sentirse bien de una vez.

Se decía así misma que no le contaría nada sobre Ernesto. Iba a quitarse a su ex-novio de la cabeza tan rápido como iba a quitarle la ropa a Rubén.

Le se paraba una esquina de la cafetería ,en la que habían quedado, cuando se paró en seco. La rodilla le estaba doliendo más que nunca y su estómago estaba totalmente encogido.

Tuvo ganas de huir y salir de allí lo más rápido posible. Le daba mucha vergüenza lo que estaba haciendo y tenía miedo. No sabía qué pensar y le entraron ganas de llorar.

Quería marcharse, pero también deseaba sentirse bien. Tan solo quería sentirse bien, no pedía tanto.

Todo su cuerpo se revolvió ante la duda. Le echó la culpa a Ernesto por sentirse así de mal y por tener que encontrarse en esa situación que no le gustaba nada.

-Polvo no echado, polvo que no se recupera.- Le vino a la mente la frase de su amiga Lucía.

«Seguro que Lucía y Rosa también estaban así de nerviosas». Se dijo para tranquilizarse. «Voy a hacerlo y punto».

Paró de escuchar lo que le pedía el cuerpo, dejó de hacer caso al dolor de su rodilla y giró la esquina directa hacia la cafetería.

Allí estuvieron hablando durante un rato de varias cosas sin importancia. Aunque, de todas formas, Esther apenas prestaba atención. Ella no había ido para hablar, así que se lanzó a la boca de Rubén para terminar con todo esto de una vez. A este no le sorprendió mucho, la había notado bastante receptiva desde que habían llegado. En cambio, lo que sí le sorprendió fue que, a continuación del beso, ella le tocó la entrepierna. Rubén lo vio bastante hecho y le propuso seguir en su casa.

El dolor de la rodilla y el nudo en el estómago gritaron con tanta intensidad de alarma que Esther no pudo obviarlo.

-No.- Fue la respuesta que salió de ella.

Rubén no sabía qué pensar, esa no era la respuesta que esperaba. Le había parecido bastante evidente lo que ella buscaba. Iba a contestar, pero le interrumpió.

– No es que no quiera… es que… lo que no quiero es empezar algo con alguien…

Rubén sonrió.

-Yo tampoco estoy buscando nada más. Pero eso no significa que no podamos divertirnos ¿no?

-Ya…

Esther volvió a hacer oídos sordos a su cuerpo y se marchó con él a su casa. Ya lo había decidido, no más dudas: ¡Iba a darlo todo!

Rubén vivía dos calles más arriba de la cafetería pero tardaron bastante tiempo en llegar, a cada paso que daban se paraban unos instantes para besarse.

Los besos en la calle continuaron en el ascensor y llegaron hasta la cama. En todo este trayecto Esther había tenido el cuerpo encogido, pero no le hizo caso.

Él se quitó su camisa y después fue a por la de ella. Una vez salió volando, fue a por el sujetador. Esther cerró los ojos y sus manos fueron a por las de Rubén, para pararle.

Ambos se quedaron en silencio varios segundos y fue como si el tiempo se congelara. Él no entendía nada y ella estaba muy confusa. Estaba segura de que con no escuchar a su cuerpo sería suficiente pero, a pesar de sus esfuerzos, este había actuado.

-Lo siento, pero no puedo. No puedo acostarme contigo sin conocerte ni sentir nada. No me gusta.

Esther empezó a llorar mientras se ponía la camiseta y se marchaba de allí sin decir nada más. Rubén se quedó mirándola sin ir tras ella.

Se metió en el ascensor y comenzó a sentirse muy estúpida. Lloraba a mares, no sabía qué pensar y se preguntaba ¿Por qué no había podido hacer lo mismo que todo el mundo?

El ascensor se abrió y, a pesar del dolor de la rodilla, se marchó casi corriendo sin rumbo alguno.

No tenía ni idea de hacía donde se dirigía, pero, a medida que se fue alejando de la casa de Rubén, sintió que su cuerpo se relajaba y eso la sorprendió.

Ella había pensado que si huía y no terminaba lo que había ido a hacer se sentiría muy mal. Según había entendido, lo normal era tirarse a cualquiera para sentirse bien cuando se ha tenido una ruptura. Pero ella estaba haciendo lo contrario y se estaba encontrando muy bien por ello.

Se sentía extraña pero realmente era una sensación agradable, de bienestar. Empezó a pensar que no era como sus amigas y que a ella le gustaba sentir amor cuando tiene sexo. Llegó a la conclusión de que aunque ellas fueran felices así y les funcionase ese estilo de vida, no significaba que le tuviera que valer a ella.

A Esther le gustaba ir a un ritmo muy diferente y se dijo a si misma que aunque pareciera que el mundo fuera más rápido, no tenía por qué forzarse para dejar de ser ella misma e ir “acorde” con el resto.

Se había marchado de allí muy rápido, pero inconscientemente empezó a andar más despacio. Así es como le dolía menos su rodilla. Entonces se dio cuenta de que, aunque emocional, tenía una lesión y que ésta tenía que curarse.

«¿Pero hasta cuándo seguiré con este dolor?».

No obtuvo ninguna respuesta a esa pregunta, pero ella misma se contestó que fuera el tiempo que fuera iba a hacerlo a su ritmo y sin prisas.

Y entonces… de repente, se sintió un poquito mejor.

This Post Has 11 Comments

  1. laura

    Al final en estas cosas cada uno toma un camino y necesita un tiempo. Me ha gustado que Esther fuera capaz de decir no a algo que realmente no buscaba…seguro que un día llega sin pensarlo y será genial 🙂

    1. lavidarealnotienebandasonora

      Efectivamente al final son decisiones que cada uno toma, no hay porque hacer lo que “se supone que hace todo el mundo” se puede elegir otra opción, cada persona tiene su ritmo para curar sus heridas y las prisas nunca son buenas para nada.

      Cuando ocurre una ruptura puede ser una experiencia emocional muy intensa y no nos damos tiempo para asimilarla. Nos entran la prisas por buscar un remedio rápido y eficaz en lugar de tomarnos un tiempo para nosotros, que somos justo quien más nos necesita.

      Y en cuanto a que algún día le llegará… quien sabe, pero al menos ahora ve que sentirse bien va más con cuidarse así misma que en forzarse a llevar un estilo de vida con el que no se sentiría cómoda.

      1. laura

        Esa es la clave…elegir…pero elegir pensando en lo que uno quiere o necesita y no en lo que socialmente está mejor visto. Cerrar los ojos y parar a pensar en ti… no es correr sino dejar atrás lo que se fue, aceptarlo y seguir viviendo.

  2. Pingback: Descubriendo el camino. 1º Parte - la vida real no tiene banda sonora

    1. lavidarealnotienebandasonora

      Buenas Vicente. Siento discrepar. El dolor de una ruptura, como cualquier otro puede llegar a curarse. Claro que eso depende de cada persona y cada uno tiene un tiempo y un proceso diferente. También, como cualquier herida, si uno se empeña nunca cerrará porque volverá a abrirla una y otra vez y no dejará que se cure. Pero eso es algo de cada uno, no de la herida ni de la ruptura ni de nadie más. Muchas gracias por leerme y comentar.

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