Cortar la relación de pareja es como ponerse a dieta. 2º parte

La primera parte aquí.

Para Elisa y Héctor fue diferente.

Ambos decidieron hacer caso al dicho “un dulce no amarga a nadie” con la idea de comerse solo uno, pero al final se dieron un atracón. Es como cuando te compras un paquete de mini donuts, solo para quitarte el gusanillo, y acabas volviendo a la tienda a cogerte seis cajas más y comértelos todos seguidos.

Elisa y Héctor quedaron con sus exparejas para tomar un café. Todo fue muy cordial, pero al despedirse se dieron un beso en la boca. Se dijeron que era un beso de despedida. Algo inocente como una señal de respeto a su antigua relación. Fueron tan respetuosos que acabaron dándose un homenaje toda la noche donde el sexo, la pasión y la nostalgia se mezclaron durante horas entre sus sábanas. Elisa se dejó llevar por esta sensación y volvió con él. Tuvo una recaída en su dieta y no se levantó. Aquel atracón tan dulce le había sabido mejor que nunca y se olvidó de lo mal que lo había pasado. Se dijo que no le valía la pena el esfuerzo respecto a lo que estaba consiguiendo y que ahora iba a ser diferente porque se habían dado cuenta de lo mucho que se querían y que no podían vivir el uno sin el otro.

A Héctor le entró la culpa por haber tenido una recaída y para tranquilizarse se dijo que lo que había pasado no significaba nada: había sido el último bocado en honor a una relación que había sido muy importante para ellos y aquello servía como despedida. No lo volvería a hacer. Para que esas palabras tuvieran más fuerza se las dijo también a su exnovia mientras se estaban vistiendo. Ella contestó que no volviera a llamar porque no iba a responder.

Tras calmar a la culpa con estas frases se sintió que reforzaba su convicción. La exaltación de la felicidad volvió y notó como si se hubiera quitado un peso de encima, vamos, como si hubiera perdido dos kilos de golpe. No sé si fue por la dieta o por todo el sexo que tuvo.

Al volver a la dieta, tras la primera recaída, suele ocurrir que te vas al otro extremo: regulas al máximo tu alimentación y te hinchas a hacer deporte porque te sientes mal por haber caído y no quieres que vuelva a pasar. Así que te pones en plan dictatorial contigo mismo porque no te fías de que puedas aguantar si se te vuelve a pasar por la cabeza llamar a tu expareja. Todo ese tiempo libre que tenía lo ocupó haciendo miles de cosas. Como por ejemplo ponerse a probar nuevos alimentos, es decir, se puso a conocer a otras personas para olvidar a su exnovia. Cada fin de semana salía de fiesta buscando algo que llevarse a la boca o sino la buscaba por internet. Conoció a unas cuantas pero ninguna dejó que le diera ni un mordisco. Como pasa en muchas dietas, Héctor no comía mucho y empezó a pasar hambre. En un primer momento quería seguir con la dieta, a pesar del hambre, y buscaba motivos para continuar, pero se fijaba en sus amigos que estaban mal con sus parejas y los veía muy bien. Es decir, veía como se hinchaban a bollos a pesar de lo mal que les sentaban y ninguno se había muerto por ello, ¿por qué él tenía que pasar por todo ese esfuerzo que no le llevaba a ningún lado? Así que volvió a llamar a su exnovia para ver si tenía el horno para bollos.

Por otro lado, Elisa sentía que había cometido un error. Tras pasar unos días muy intensos y pasionales todo le parecía igual que antes, incluso peor. Nada había cambiado, era la misma relación de siempre y volvió a notar una sensación de que no quería estar con su pareja. La sensación era más clara, pero se sentía mal por tenerla. Ya había pasado por el proceso de cortar con su pareja, lo había pasado muy mal y al final había vuelto porque sentía que no podía estar sin él. Cuando estaba con su pareja quería dejarlo, pero cuando cortó la vez anterior quiso  volver porque pensaba que en el fondo lo quería. Deseó no sentir aquello, todo sería más fácil si no quisiera cortar. Sabía que era una relación insana y que la estaba sentando mal a la salud, pero sentía que estaba enamorada de él y claro cuando se está enamorado de alguien  es lo único que cuenta, ¿no?

No quería volver a pasar por lo mismo para acabar volviendo. Se dijo que lo fácil y lo cómodo era seguir igual que estaba porque la ruptura le había creado una situación muy inestable e incómoda que requería demasiado esfuerzo para lo que había llegado a conseguir. También llegó a la conclusión de que si no hacía caso a su deseo de cortar éste se acabaría cansando y desaparecería por sí solo. Así que tras tomar esta decisión se centró en todos esos detalles buenos que tenía su relación y se aferró a ellos con todas sus fuerzas para seguir con él.

Al día siguiente, de otra noche de sexo, la exnovia de Héctor le dijo que ya se estaba viendo con otra persona y que no quería volver a hacerlo. Héctor dijo que no le importaba, que quería volver a verla y ella respondió que no. A los pocos días ella le llamó y juntos tuvieron  una recaída. Esta situación se repitió y en lugar de volver como pareja lo hicieron como amantes porque ella continuaba con su nueva pareja. Como Héctor tenía que verla en la clandestinidad no se lo dijo a nadie. Así que él decía que estaba a dieta, pero en realidad se hinchaba a dulces a escondidas.

La idea de volver a pasar por el mismo esfuerzo le hacía temblar a Elisa, pero cada día su relación se estaba haciendo más insoportable. No quería estar con él, así de sencillo. No lo odiaba, no es que le hubiera hecho algo horrible, simplemente no quería estar con él. Se sentía mucho más pesada que la otra vez, un peso que ya era insoportable y doloroso. Un día explotó y volvió a ponerse a dieta.

Curiosamente los primeros días fueron mucho más intensos de alegría que la vez anterior. Se sintió con muchas más fuerzas y pensó que aquella vez iba a ser la última. Lo tenía muy claro. Vació toda la nevera de alimentos insanos para evitar la tentación. Es decir, quitó todas las fotos con su exnovio de su cuarto, borró su número del móvil y le bloqueó de todas las redes sociales para que nada le hiciera recordarlo.

Semanas después, cuando la exaltación dejó de ser la novedad, los buenos recuerdos con su expareja regresaron y se planteó volver con él. Casi volvió a recaer. En varias ocasiones estuvo a punto de llamarle y muchas veces fue hasta su casa donde estuvo un buen rato pensando si debía pulsar el botón del timbre. A menudo se marchaba de allí llorando, el esfuerzo que debía hacer la dejaba agotada, pero siguió aguantando. Tras unas semanas empezó a notar que no le echaba tanto de menos y que ya no le costaba tanto apartar la idea en su cabeza. Pero sucedió algo que no se esperaba, esta vez fue él quien llamó. Es como si ella hubiera estado aguantado entrar a la pastelería  todo este tiempo, pero ahora la estuvieran invitando a probar el nuevo surtido de dulces. Quiso decir que no, pero se sentía tan segura y fuerte de entrar a la pastelería, mirar el escaparate y no probar nada que dijo sí y al final tuvo otra recaída. Probó todos los nuevos dulces que le mostraron y se hizo de nuevo el carnet de socia de la pastelería, es decir, volvió con su exnovio.

Elisa se deprimió bastante. Creía que no era capaz de conseguir nada que se propusiera porque al final volvía a caer. Sentía que su vida no le pertenecía, que daba igual lo que ella eligiera porque nunca salía como esperaba y no valía la pena intentar algo porque no tenía el control de nada, ni siquiera de su propia vida. Volvió a pensar que lo fácil y mejor era dejarse llevar porque ella no era capaz de hacer otra cosa. Así que se resignó. Quisiera o no, parecía que iba a estar toda su vida con aquella persona.

Esta vez pasó menos tiempo hasta que Elisa volvió a sentir el peso incómodo. Decidió, una vez más, que realmente aquel alimento que era su pareja no le hacía ningún bien. Recordó las otras veces que se había puesto a dieta y que no lo había conseguido. En ocasiones eso la frenaba y dejaba de pensar, pero otras veces seguía y se dijo que la única manera de salir de la situación en la que estaba era volver a pasar por todo eso. Con muchas dudas, volvió a ponerse a dieta.

Héctor siguió engañándose. Se decía a sí mismo y a todo el mundo que estaba a dieta y que vivía muy sano cuando, en realidad, quedaba a escondidas con su exnovia, la que ahora era su amante, y se pegaba un atracón. No le gustaba nada ese estilo de vida. Se sentía mal porque él no quería estar así para siempre. Él quería tener una relación sana y normal, pero si cortaba con ella significaba volver a pasar hambre durante un tiempo y nadie le aseguraba que la siguiente fuera a ser mejor. Si cortaba con su exnovia-amante podía ocurrir que la próxima vez ella no quisiera volver. No quería llegar a una posible situación en la que estuviera solo y hambriento sin poder llevarse nada a la boca como le había pasado la otra vez. Eligió no volver a pasar por ese esfuerzo porque había mucho riesgo y pocas posibilidades de un beneficio que valiera la pena. A día de hoy sigue con ese estilo de vida que ha elegido y que tan mal le sienta.

Elisa volvió a pasar por las mismas situaciones. A las pocas semanas le volvieron a entrar ganas de volver a esa vida insana y se sorprendió a sí misma porque no le dio tanta importancia. Lo vio como algo normal, a fin de cuentas había vivido muchas cosas con esa persona y era lógico que se acordara de él y hasta que alguna vez le echara de menos. Esas sensaciones eran momentáneas y aparecían de vez en cuando, pero lo vivió de manera diferente: ya había pasado por ello y sabía que no iba a morirse ni el mundo se destruiría si no volvía con su novio. Un día el impulso de volver a ver a su exnovio fue tan fuerte que se dirigió hacia su casa. Cuando llegó allí en lugar de pararse pasó de largo. Ya sabía lo que le esperaba y no tenía ganas de entrar ahí. Aquel día ella no podía creerse lo que había hecho. Resulta que sí podía tener una vida diferente. Se sorprendió a sí misma, era capaz de conseguir cosas que nunca había creído que pudiera hacer. Sí, había tenido que equivocarse varias veces, pero eso también le había ayudado para enfrentarse la siguiente vez.

Su exnovio volvió a llamar al tiempo y en esta ocasión, a pesar del esfuerzo, ella dijo que no. Cuando colgó le estaban temblando las manos y creía que iba a sentirse mal, pero lo que sintió fue alegría. Estaba alucinando, nunca había creído que podría decir que no a ese dulce puesto en bandeja, es decir, nunca había creído que sería capaz de decirle que no a su exnovio.

Descubrió que, incluso a sus 30 años, aún podría sorprenderse a sí misma haciendo algo que nunca creía que fuera capaz y que, aunque tuviera que esforzarse y caerse muchas veces, podía dirigir su vida hacia donde ella quisiera.

Ha vuelto a equivocarse muchas veces, pero no la importa, es algo que siempre puede pasar y las equivocaciones forman parte de la vida. Ahora cuando ve que un alimento no le sienta muy bien no duda en dejarlo porque en el mundo existen muchos tipos de vida y cada uno elije la suya.

This Post Has 8 Comments

  1. Dana Maat

    Casi siempre a la mayor parte de las personas se les hace duro y complicado el tener que acabar con algo que ha durado un tiempo determinado, tanto por comodidad, como por hábito, rutina y más el miedo. No se paran a pensar que por muy difícil que sea comenzar de nuevo, en referencia a una pareja sobre todo si ha sido tóxica para ti, nunca debes regresar con ella, porque a la larga acabará sucediendo lo mismo. Hay que echarle valentía y pararse a pensar sí ello te compensa, como sabes que no lo mejor es comenzar “una dieta depurativa” y hacer tu vida en base a tus criterios y tu propia felicidad.

    Me ha encantado esta parte tanto como la primera.

    Saludos.

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