Cortar la relación de pareja es como ponerse a dieta. 1º parte

Cuando uno quiere cortar la relación con su pareja es bastante parecido a querer ponerse a dieta: es algo que te gustaría hacer porque piensas que estarás mejor, pero te cuesta ponerte en serio. La idea te ronda por la cabeza durante meses y a lo mejor, de vez en cuando, haces algún comentario  a tus amigos, pero sin querer darle ninguna importancia. Algo del estilo:

– Ya estoy harto de verme así, quiero quitarme esto que me sobra- es decir,  ya estoy harto de mi pareja, está relación no me está sentando bien.

Aunque varias personas hagan la misma dieta cada una la vive a su manera y lo mismo ocurre con el proceso de romper con la pareja. Os voy a contar cómo fue para cuatro personas que estaban entre los 27 y 32: Teresa, Manu, Elisa y Héctor.

Todos ellos sentían que no querían seguir con sus parejas. No es que hubiera algún motivo en particular, simplemente no se sentían con ganas de seguir con la relación. El problema no es que sintieran esto, sino que a pesar de saberlo no se atrevían a dar el paso. Es igual que si te comes todos los días medio kilo de dulces,  sabes que no es muy sano y que lo mejor sería dejar de hacerlo, pero no lo haces. Crees que llevas tanto tiempo así que piensas que no puedes hacer otra cosa y como no quieres pensar mucho, que eso cansa, te resignas y sigues igual. Estos cuatro tenían una relación de ese estilo con sus respectivas parejas. Darse cuenta es el principio, pero no vale solo con eso. Si querían quitarse esos kilos de más tenían que cambiar el estilo de alimentación, lo que significa ponerse a dieta. Claro que eso les suponía un esfuerzo por su parte y no todos estaban dispuestos a hacer el esfuerzo. Empiezo por Teresa. Ella sabía que tenía una mala alimentación y quería cambiarla, pero, a pesar de lo mal que le sentaba, no hacía nada al respecto.

Su relación era algo así como una queja diaria de que le sobraban unos kilos mientras se estaba comiendo un par de donuts de chocolate y al terminar dijese: mañana sin falta me pongo a dieta. Pero ese mañana nunca llegaba porque ponerse a dieta suponía un esfuerzo y los esfuerzos son algo que parece que están prohibidos para mucha gente. Sobre todo para Teresa.  Así que justificaba su actitud pasiva con frases como:

—Ya me he acostumbrado a esto. (No sé si se referiere a los kilos de más o a su pareja).

—¿Quién te asegura que voy a estar mejor?

—Tampoco estoy tan mal, ¿no?

—Conozco mucha gente que está así. Esto es estar en pareja.

—Si corto significa que he estado perdiendo el tiempo todos estos años y eso me jode aún más.

—No es tan fácil.

—Es complicado.

—No creo que pueda soportarlo.

—Ya si a veces pienso que sería mejor no estar con él, pero… —No sigue hablando porque le da un bocado al donut.

Algunos días se plantea cortar con su novio y otros es como si fuera algo prohibido porque está muy a gusto con él. Espera que con solo desearlo todo saldrá de la mejor manera para ella y de la forma más cómoda. O lo que es lo mismo. No se atreve a cortar con su pareja porque no quiere vivir esa situación y no quiere ser “la causante de esa situación” así que espera que sea él quien lo haga porque así será todo más fácil. Teresa cree que si para conseguir algo que quiere tiene que pasar por una situación incómoda no vale la pena intentarlo. A día de hoy todavía sigue con su pareja.

Manu, Elisa y Héctor también pensaron en todo esto y decidieron que, a pesar del esfuerzo y la dificultad que les suponía, iban a hacer caso a lo que su cuerpo les estaba pidiendo: ponerse a dieta para volver a sentirse bien, es decir, cortar con sus respectivas parejas.

Los tres lo hicieron y al principio su camino fue muy parecido. Igual que con las dietas, los primeros días son los más duros, pero también es donde se aprecia una mayor cantidad de resultado porque es donde se pierde peso más rapido. Esos días se sintieron muy a gusto con ellos mismos: habían conseguido hacer lo que se habían propuesto, a pesar de todo lo que les costó, y habían conseguido estar sin probar un dulce todo ese tiempo, es decir, no habían vuelto a llamar a sus exparejas. Se sentían invencibles y creían que esa sensación sería para siempre.

Pasaron unas semanas y tras la excitación inicial se dieron cuenta de que ya no perdían peso con tanta rapidez, es decir,  esa felicidad inicial no iba creciendo y no era tan intensa como al principio. Todo el mundo les había anunciado una felicidad plena y eterna y resulta que no estaba siendo así. Una voz en el interior de los tres empezó a decirles que a lo mejor no había sido tan buena idea ponerse a hacer dieta, o lo que es lo mismo, cortar no fue tan buena idea.

Empezaron a recordar los buenos momentos que habían pasado comiendo dulces y que a lo mejor no estaban tan mal como pensaban y que todo había sido una fase de “agobio”. Se preguntaron si el esfuerzo estaba valiendo la pena porque ya no lo estaban pasando tan bien como al principio. Entre otras cosas, antes dedicaban mucho tiempo a sus parejas y ahora de repente tenían muchas horas al día en las que no sabían qué hacer. Les vino a la memoria que todo el mundo dice que un dulce no le hace daño a nadie y ¡Pum! llegó la primera recaída para Elisa y Héctor.

Manu hizo algo diferente. A pesar del esfuerzo que le requería se lo tomó muy en serio. No volvió a sus antiguos hábitos de alimentación y siguió con la dieta, es decir, no llamó a su exnovia, – ese alimento que le dañaba la salud- y acabó pasando página. No fue un proceso fácil. La sensación de volver a caer estuvo muy presente y más de una vez le vi con el móvil en la mano a punto de marcar su número —lo había borrado, pero se lo sabía de memoria—. Él siempre decía que estaba a una llamada de volver a su antigua vida, pero que tras esos momentos de duda se daba cuenta de que en realidad estaba mejor así y que si lo había dejado era por algo. Sus amigos le recomendaron que para olvidar su sabor se pusiera a probar otros alimentos, pero él no tenía ganas de eso. Estuvo un tiempo centrado en él y en perder peso, aunque fuera poco a poco, para sentirse primero bien consigo mismo. Un tiempo más tarde decidió saborear otros alimentos y descubrió que en el mundo hay muchos sabores diferentes que podrían gustarle. Es decir, se tomó su tiempo para asimilar el fin de su relación y cuando volvió a tener ganas se puso a conocer a otras personas. Manu descubrió que en el mundo hay mucha gente distinta por la que podría sentir algo.

Para Elisa y Héctor fue diferente.

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