Buscando a Wally

Os acordáis de los libros de “¿Dónde está Wally?

Abrías el libro por cualquier página y aparecía un escenario más o menos corriente, como una playa o un centro comercial, lleno de gente por todas partes y tú tenías que ponerte a buscar a Wally.

La mecánica del juego era muy sencilla. Las instrucciones decían que en cada escenario, perdido entre toda esa multitud, estaba Wally esperando a que lo encontraras. Una vez hecho ganabas y sentías una gran alegría.

Primero se empezaba a buscar un poco por encima, a ver si lo encontrabas de casualidad que siempre es más bonito. A fin de cuentas no debería ser tan difícil encontrar a esa persona, que te está esperando, entre tanta gente, ¿no?

Iban pasando las horas, los días, los meses y nada. Sabías que estaba ahí pero no lo encontrabas y un nerviosismo empezaba a crecer en tu interior. Intentabas tranquilizarte y no perder la esperanza, pero entonces te enterabas que otras personas lo había localizado y estaba muy feliz. En ese momento era habitual que apareciera el miedo, la confusión y la autocompasión.

“Yo sé que está ahí, pero no lo encuentro ¿Será culpa mía? ¿Habrá algo malo en mí? ”

Quizá pensabas que no lo estabas haciendo bien, así que, te ponías más en serio y buscabas centímetro a centímetro mirando por todos los rincones. Pero seguías sin encontrar a Wally. En cambio, sí que localizabas a otros personajes y objetos que formaban parte del juego. Al principio pasabas y no te molestabas en hacerles caso porque no te atraían ni tenías ganas de centrarte en ellos. Pero como no encontrabas al que querías llegaba un momento en el que te empezabas a conformar. Estos eran más fáciles de encontrar por lo que conseguías una sensación de tranquilidad ya que al menos tenías algo.

“Seguro que aparece en cuanto menos te lo esperes”.

“Si dejas de buscarle ya verás como lo encuentras”.

Estos consejos eran habituales de gente que considera que ya lo había encontrado. Como no tenían otra cosa que hacer, creían que tenían que animarte y darte su apoyo porque saben que el único motivo por el que eran felices era porque estaban con su Wally.

Al principio te servían de consolación, pero no duraban mucho. Tú querías a tu Wally igual que el resto de la gente que lo había encontrado. Sabes que está ahí, te lo han dicho desde el principio y no quieres estar toda la vida con un objeto u otro personaje de sustituto.

Cuando pasa esto pueden ocurrir cuatro reacciones:

  • Obsesionarte y no parar hasta encontrarlo.
  • Sentirte engañado con el mundo porque no encuentras al Wally que te prometieron y dejar de lado el libro o incluso romper algunas hojas.
  • Frustarte cuando lo único que sigues encontrando son objetos y parece que es lo único que vas a encontrar en tu vida.
  • Conformarse con los objetos que van apareciendo para hacer tiempo hasta que aparezca el Wally prometido.
  • Quedarte con alguno de los objetos y dejar de buscar porque al final crees que no lo vas a encontrar y prefieres estar con un objeto que sin nada.

Hay gente que se piensa que su vida es como un libro de ¿Dónde está Wally?” y que Wally es esa persona que ha nacido con el único propósito de convertirse en su pareja sentimental perfecta.

Desde pequeños nos han dicho que hay alguien “ahí fuera” que ha nacido con el único objetivo de estar con nosotros. Es decir, nos han asegurado que hay un Wally en nuestra vida y que nuestro propósito es encontrarlo. Pero ¿Dónde está Wally? es un juego y la vida real es otra cosa.

La diferencia con el libro es que, en éste, efectivamente sí hay un Wally en cada página puesto ahí para que tú lo encuentres, pero en la realidad no. Así de sencillo.

Y por otro lado, no ha nacido nadie cuyo destino en esta vida sea estar contigo y hacerte feliz. Eso es trabajo de cada uno ¿o acaso el único motivo por el que tú has nacido es para que te encuentre una persona en particular y hacerle feliz?

Continúa en: ¿Dónde estoy yo?

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